- Tras acusaciones mutuas se logra aplazar un mes la amenaza
- De proceder aranceles, México y EU resultarían perdedores.
- Destacan la cabeza fría de Sheinbaum; se esperan resultados.
- Sectores automotriz, agrícola y manufacturero serían dañados.
- Busca plan fortalecer y expandir infraestructura eléctrica local.
- Incrementaría participación de energías limpias al 38% del total.
Eduardo Ruíz-Healy

El 1 de febrero, Donald Trump impuso aranceles del 25% a las exportaciones de México y Canadá y 10% a las de China, justificándose como una medida para frenar la migración y el tráfico de fentanilo.-
La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó las acusaciones de Trump, defendió la soberanía nacional y devolvió el golpe: el problema del fentanilo es de EEUU, no de México. Más allá del discurso, el conflicto tendrá repercusiones económicas y políticas en ambos países.
- La raíz del conflicto
Trump acusa a México, Canadá y China de la crisis migratoria y el tráfico de fentanilo, pero no dice que su país es el mayor consumidor de drogas. Con sus aranceles, pretende que otros resuelvan un problema que nació y creció en EEUU.
Sheinbaum responde que EEUU es corresponsable, pues su demanda de drogas financia el narcotráfico y la venta de armas fortalece a los cárteles en México. Reitera que su gobierno cooperará en seguridad, pero sin aceptar imposiciones.
- Seguridad, narcotráfico y migración
Trump acusa a México y China de no frenar el tráfico de fentanilo y la presidenta le responde con datos: 40 toneladas de drogas incautadas y 10,000 detenidos por su gobierno en cuatro meses es muestra de que sí se trabaja para frenar el narcotráfico.
Trump considera la migración como una invasión y usa los aranceles como presión. La presidenta defiende una solución bilateral basada en cooperación y derechos humanos.
- Impacto económico
Trump dice que protege la economía de EEUU, pero con estos aranceles parece que quiere castigarla. Subir costos de importación golpeará al sector automotriz, agrícola y manufacturero, que dependen de insumos mexicanos, y encarecerá la vida de los consumidores de su país. Pero claro, ¿a quién le importa si el discurso nacionalista sigue funcionando?

Sheinbaum responde con firmeza y promete imponer aranceles a las exportaciones estadounidenses y otras represalias comerciales, pero México depende más del comercio con EEUU que viceversa, y un choque prolongado solo haría tambalear la ya frágil economía mexicana.
- Ganancias y pérdidas políticas
Trump busca proyectarse como el único con mano firme contra el narcotráfico y la migración. Su base lo aplaude, pero los aranceles mexicanos afectarán a la economía de EEUU y esto podría hacer que los consumidores, empresarios y republicanos moderados se vuelvan en su contra.
Claudia Sheinbaum, al enfrentarse a Trump refuerza su imagen de líder fuerte y gana respaldo al defender la soberanía del país. Su reto es evitar que el conflicto escale demasiado, porque si la crisis se agrava muchos de sus seguidores la abandonarán al sentir los efectos de la inflación, la inversión nacional y extranjera se desacelerará, habrá mayor incertidumbre y los partidos de oposición aprovecharán la situación para fortalecerse.
- Conclusión: Dos apuestas riesgosas
Trump repite su fórmula de aranceles y presión económica. Pero si la medida afecta a su propio país, podría perder apoyo popular.
La presidenta Sheinbaum deja claro que México no se someterá, pero si el conflicto sigue, el golpe será más fuerte para nuestro país que para EEUU.
Ambos presidentes están jugando rudo, pero Claudia Sheinbaum no debe olvidar que la historia nos enseña que México siempre pierde más cuando se enfrenta a EEUU.
SHEINBAUM MANTUVO LA
CABEZA FRÍA ANTE TRUMP
El arancel del 25% que el sábado pasado Donald Trump impuso a las importaciones mexicanas dañaría a la economía mexicana y a sectores clave como el automotriz, agrícola y manufacturero. Sin embargo, a diferencia del primer ministro canadiense Trudeau, quien impuso aranceles a productos estadounidenses en represalia, la presidenta Claudia Sheinbaum mantuvo la cabeza fría y apostó por la negociación.
El golpe a la industria automotriz habría sido el más grave, con la posible pérdida de 100,000 a 200,000 empleos debido a la reducción de la demanda de autos y autopartes mexicanas. En el sector agrícola, 190,000 a 320,000 trabajadores podrían haber quedado desocupados debido a la subida de precios de productos como aguacates y tomates.

La manufactura perdería entre 50,000 y 100,000 empleos, mientras que la industria de electrodomésticos y electrónica vería caer su empleo en 5,000 a 10,000 y 20,000 a 40,000 puestos, respectivamente. Muchas PYMEs, sin la capacidad de absorber aumentos en costos, cerrarían dejando sin trabajo a entre 50,000 y 100,000 personas.
La industria de semiconductores habría despedido a 1,080 a 2,160 trabajadores, mientras que el sector computacional perdería 5,000 a 7,500 empleos. Entre 7,000 y 14,000 trabajadores en la industria de dispositivos médicos y entre 3,700 a 7,400 en la farmacéutica se habrían quedado sin empleo.
En total, el desastre económico habría dejado entre 500,000 y 750,000 mexicanos sin trabajo, una cifra comparable a la pérdida de empleos durante la crisis financiera de 207-208 .
La presidenta criticó abierta y duramente el decreto por medio del cual Trump justificó sus aranceles, pero insistió en negociar en lugar de tomar represalias inmediatas. En sus declaraciones habló de un Plan B, sin detallar su contenido, pero enviando un claro mensaje de que México no se quedaría de brazos cruzados. La presión diplomática dio resultado y ayer en la mañana, habló con Trump y lo convenció de suspender los aranceles por un mes a cambio de una serie de acuerdos: 1. México desplegará 10,000 elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte de forma inmediata, con el objetivo de evitar el tráfico de drogas hacia EEUU, en particular fentanilo; 2. Estados Unidos trabajará para frenar el tráfico de armas de alto poder hacia México, y; 3. Equipos de ambos gobiernos comenzarán a trabajar de inmediato en dos áreas clave: seguridad y comercio.

No tardaron en manifestarse los críticos del acuerdo logrado por la presidenta que parecen olvidar las consecuencias económicas de una guerra comercial con EEUU ¿Acaso creen que imponer aranceles en respuesta habría sido una mejor opción? ¿O que los cientos de miles de desempleados que esta crisis habría dejado en México no importan? Es fácil criticar desde la comodidad de la oposición política o de las redes sociales, pero las decisiones de gobierno no pueden basarse en ideología o impulsos, sino en hechos y en estrategia. Sheinbaum apostó por la estabilidad económica del país y, al menos por ahora, logró evitar un desastre.
Veremos si después de un mes Trump se convence que el gobierno de Claudia Sheinbaum, a diferencia del de AMLO, si toma en serio el combate contra la delincuencia organizada y el control de la frontera sur de nuestro país.
AMBICIOSO PLAN
ELÉCTRICO DE MÉXICO
La presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Energía Luz Elena González Escobar y la directora general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) Emilia Calleja Alor, presentaron ayer un ambicioso plan para fortalecer y expandir la infraestructura eléctrica de México. Con una inversión de 22,377 millones de dólares, promete añadir 21,846 megavatios (MW) de capacidad al sistema eléctrico, un aumento del 47.6% para llegar a 66,603 MW, y preparar a nuestro país para los desafíos energéticos del futuro en un contexto global cada vez más complejo.
El plan busca incrementar la participación de energías limpias al 38% del total para 2030. Esto incluye 7 proyectos eólicos, 9 fotovoltaicos y sistemas de almacenamiento con baterías. También se contemplan 145 proyectos de transmisión y casi 37,000 electrificaciones en zonas rurales. Incluso hay un componente de justicia social, con planes para llevar electricidad e internet a comunidades marginadas.

Sin embargo, el plan enfrenta muchos desafíos. La demanda máxima del sistema eléctrico nacional se estima que crecerá a una tasa anual del 2.6%, alcanzando 64,979 MW en 2030. El plan adiciona capacidad, pero ¿se lograrán sus metas para satisfacer este crecimiento?
Además, está el fenómeno del nearshoring, que ahora enfrenta obstáculos debido a la amenaza de Trump de imponer aranceles del 25% a las exportaciones mexicanas y su intención de reubicar empresas de México a Estados Unidos. El auge de inversiones que se esperaba podría no ocurrir, Sin embargo, esto también podría significar una oportunidad para que México fortalezca su mercado interno y diversifique sus socios comerciales.
La dependencia de combustibles fósiles sigue siendo un asunto por resolver. Aunque se aumenta la participación de energías limpias, aún hay camino por recorrer hacia una verdadera transición energética. En un país en donde los retrasos en proyectos gubernamentales son una preocupación, el plan ofrece un cronograma realista, con algunos proyectos clave entrando en operación a partir de 2026.
La inversión privada será fundamental. El plan cuenta con que las empresas privadas aporten entre 6,400 y 9,550 MW adicionales. Sin embargo, debe haber certidumbre jurídica y una regulación que fomente esta inversión, especialmente en un contexto de incertidumbre económica.
En resumen, el plan del gobierno de la presidenta Sheinbaum es ambicioso y, aunque enfrenta desafíos significativos, representa un paso importante en la dirección correcta porque México necesita un plan energético que no solo satisfaga la demanda actual, sino que prepare al país para un futuro de crecimiento económico y transición energética en un entorno global cambiante. Este plan sienta las bases para ese futuro, aunque requerirá flexibilidad y adaptabilidad en el camino.
Como siempre, el éxito estará en los detalles y en la implementación. Pero con la voluntad política, la inversión adecuada y la capacidad de adaptarse a los desafíos globales, este plan podría ser el impulso que necesita el sector eléctrico mexicano para enfrentar un futuro incierto. Si se ejecuta correctamente, podríamos estar viendo el inicio de una nueva era energética para México que prepare al país para cualquier escenario global.
ANTE INDIFERENCIA DE EUA, FRENAR
TRÁFICO DE ARMAS DEPENDE DE MÉXICO
Desde 1990, los homicidios en México han aumentado de manera alarmante, reflejando la incapacidad de los gobiernos para frenar la violencia. Durante el sexenio de Carlos Salinas se registraron 67,525 homicidios. Con Ernesto Zedillo, la cifra aumentó un 18.1%, alcanzando 79,759. Con Vicente Fox, los homicidios bajaron un 24.7%, situándose en 60,073. Pero la mejoría se desmoronó con Felipe Calderón y su «guerra contra el narco»: los homicidios crecieron un 103.6%, llegando a 122,319. Enrique Peña Nieto no solo fracasó en contener la violencia, sino que la agravó con 150,451 homicidios, un 23% más que en el sexenio anterior. Y con Andrés Manuel López, gracias a su política de «abrazos, no balazos», la cifra alcanzó su máximo histórico: 188,987, un 11.2% más que con Peña Nieto.
Tan solo en los primeros tres meses de la presidenta Claudia Sheinbaum se registraron 7,288 homicidios. Los datos disponibles sugieren que la cifra mensual está bajando.
El problema no es solo la violencia en sí, sino las herramientas que la alimentan. Del total de homicidios, cerca del 70% fueron cometidos con armas de fuego, lo que refleja la facilidad con la que los criminales acceden a pistolas, escopetas y rifles de asalto. En 2017, el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra estimó que en México había 16,809,000 armas en poder de civiles. De ellas, solo 3,118,592 estaban registradas ante las autoridades. Desde entonces, han entrado al país 1.6 millones de armas ilegales, elevando el total a 18,409,000 no registradas.
El lunes pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que EEUU ayudaría a frenar el tráfico de armas. Pero Donald Trump, quien para sus campañas electorales recibió decenas de millones de dólares de la industria de las armas representada por la Asociación Nacional del Rifle (NRA), no se ha pronunciado al respecto, generando dudas sobre si apoyará o no los esfuerzos de México.
Según datos de 2019, aproximadamente 208,800 armas ingresan ilegalmente a México cada año, es decir, 580 diarias. Estas armas llegan mediante tráfico hormiga, compartimentos ocultos en vehículos, túneles, corrupción aduanera y envíos de partes para ensamblaje. Los arsenales incluyen pistolas (50%), rifles (33%), revólveres (9%) y escopetas (6%), además de fusiles de asalto, sin olvidar el temido Barrett calibre .50. Muchas provienen de ferias de armas en EE.UU., sobre todo en California, Arizona, Nuevo México y Texas, donde la regulación es laxa.
El gobierno, lejos de contener esta avalancha, apenas decomisó 28,159 armas durante todo el sexenio de AMLO. Una cifra insignificante frente a la magnitud del problema.
Dado que EE.UU., por la Segunda Enmienda a su constitución, difícilmente endurecerá sus leyes, México debe tomar medidas urgentes: eliminar la corrupción en aduanas, reforzar los controles en la frontera norte y aplicar penas severas a traficantes de armas.
La seguridad del país no puede depender de potencias extranjeras. Depende de que su gobierno cierre las fronteras a las armas de fuego, hoy controladas por el crimen organizado.
Esperemos que Claudia Sheinbaum logré lo que sus antecesores no quisieron o pudieron: detener la entrada de armas al país y decomisar las que ya hay dentro del territorio nacional.
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