Spotlight y la Iglesia católica


Carlos Martínez García/La Jornada

La premiada con el Óscar como la mejor película ha posicionado globalmente el flagelo de la pederastia clerical. Spotlight, exhibida en México con el título de En primera plana, expone ante millones de espectadores los mecanismos por los cuales los curas abusadores sexuales de infantes han sido protegidos por autoridades de la Iglesia católica.

El caso documentado en el filme es el de la diócesis de Boston, en la que el cardenal Bernard Francis Law estuvo al tanto de los casos de pederastia y decidió encubrir a quienes los perpetraron. El mismo modus operandi tuvo lugar en otras diócesis por todo el mundo. ¿Actuaron de forma espontánea y encubridora obispos, arzobispos y cardenales, o siguieron directrices marcadas desde Roma?

Tras sucesivos reportajes de The Boston Globe, en los que se mostraron evidencias del actuar de Law, el cardenal presentó su renuncia a Juan Pablo II en diciembre de 2002. Entonces Law expresó que deseaba su dimisión sirviera para facilitar la reconciliación y unidad que necesitamos desesperadamente y pidió disculpas a todos aquellos que han sufrido por sus omisiones y errores.

Para blindarlo de la inminente acción penal en su contra que le esperaba en Estados Unidos, el papa Juan Pablo II protegió a Bernard Law nombrándolo arcipestre de Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas más simbólicas de Roma, construida entre los años 432 y 440. Law participó en el cónclave que eligió al sucesor de Juan Pablo II, el cardenal Joseph Ratzinger, quien adoptó el nombre de Benedicto XVI. Ya no fue elector en el nombramiento del papa Francisco por haber cumplido en noviembre de 2011 la edad máxima (80 años) para ser parte del colegio cardenalicio. Sigue viviendo plácidamente en Roma.

La razón por la que la Iglesia católica no entrega a uno de los suyos a la justicia secular, sobre todo si es parte importante de la cúpula clerical, es porque hacerlo significaría sumisión a un poder al que doctrinalmente no le reconoce jurisdicción para inmiscuirse en sus asuntos. Históricamente la Iglesia católica ha desarrollado el principio de ser una institución superior a los gobiernos civiles temporales, de los que ha demandado ceñirse a su óptica y no les considera interlocutores en un plano de igualdad. Desde este punto de vista, entonces, lo conducente es juzgar puertas adentro a sus obispos, arzobispos y cardenales; pero negarse terminantemente para que rindan cuentas ante instancias judiciales consideradas sin autoridad para sancionar a los altos funcionarios eclesiásticos.

Mientras la anterior política no dé un giro en favor de las víctimas de pederastia clerical, y deje de proteger a los delincuentes, difícilmente podrá resolverse de raíz el problema de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos. El papa Francisco ha expresado palabras sobre el asunto que suenan bien. Sin embargo, en el terreno de los hechos y medidas efectivas para combatir el flagelo en el seno de la Iglesia católica, el carismático personaje que lidera la institución no ha hecho nada para terminar con los abusos a niños por parte del clero. Así lo considera Peter Saunders, ex integrante de la Comisión del Vaticano contra la pederastia.

Saunders, quien de niño padeció abusos sexuales de un cura, fue invitado el año pasado para formar parte de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores. Aceptó con la esperanza de contribuir a diseñar medidas eficaces para extirpar el abuso sexual clerical. Paulatinamente se convenció que la comisión era más un ente preocupado en hacer control de daños en favor de la institución que un organismo interesado en proteger a las actuales y potenciales víctimas. Por sus observaciones y declaraciones críticas al funcionamiento de la comisión, Peter Saunders fue instado a tomarse un permiso de ausencia a principios de febrero.

La película Spotlight ha logrado llevar el tema de los abusos sexuales clericales más allá del interés de sus miles de víctimas y grupos solidarios con ellas. Grandes audiencias han sido expuestas, en poco más de dos horas, a una tragedia vivida largo tiempo por niños, niñas, adolescentes y sus familiares. Al recibir el galardón como mejor película, uno de los productores del filme, Michael Sugar, mencionó que esta película dio voz a los supervivientes. Y este Óscar amplifica esa voz, lo cual esperamos se convierta en un coro que resuene y llegue hasta el Vaticano. Papa Francisco, es hora de proteger a los niños y restablecer nuestra fe.

Por varias vías el clamor de las víctimas ha llegado a Roma. Los abultados expedientes que demuestran millares de casos de abusos y quiénes son los perpetradores están en los archivos del Vaticano. El mérito de Spotligth es haber visibilizado ante millones de azorados y conmovidos espectadores que los ataques sexuales a infantes han tenido lugar en una institución que sistemáticamente ha encubierto a los clérigos delincuentes.

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