Sin igual, zoología política mexicana


Reúne zorros, zorras, chapulines y elefantes, entre otras especies 

Abundan ejemplos de zorros que son capaces de todo para alcanzar sus fines.

El libro vaquero, volumen de cabecera del ex presidente Vicente Fox.

Cual chapulines, renuncian o piden licencia a un cargo para saltar a otro.

 Agencia Mexicana de Noticias

Los vulpinos son conocidos comúnmente como zorros. Son una tribu de mamiferos carnívoros, que de acuerdo a la cultura occidental son símbolo de astucia en muchos relatos folclóricos e históricos.

En la zoología política de México, se les denomina zorros a los viejos políticos que son astutos para conseguir un hueso, así tengan que vender a su madre y después volver a comprarla.

Al padre de la patria, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor, le apodaban el zorro. Sí, era astuto hasta la pared de enfrente.

Pero claro que el cura Hidalgo era un hombre ilustrado, que en su tiempo había leído a los grandes enciclopedistas, como Rousseau, Voltaire y Montesquieu, entre otros, mientras que los actuales zorros polacos no han leído ni el libro vaquero, que era el libro de cabecera de Vicente Fox. Eso sí, pareciera que ya leyeron El arte de la guerra, escrito mil 500 a.C. por el militar chino Sun Tzu.

Le resumo: El arte de la guerra es el arte de engañar al contrario y de ganar batallas sin siquiera haberlas librado.

 

CÍCLICO ENGAÑO A LOS MEXICANOS

Los zorros de la política mexicana nos engañan cada tres y seis años, pues poseen una astucia ramplona y corrupta, y el hueso político lo consiguen tope en lo que tope. ¡Son finos en el arte del engaño!

Algunos se dan el lujo de bajarnos el Sol, la Luna, las estrellas, Marte, Miércole, y si no hay puentes, también los prometen, y de pilón el río.

Y claro que también hay viejas zorras y zorritas que se sacudieron el yugo machista, y para llevar el pipirín a sus zorritos han abrazado el oficio de la política en el que no se necesita trabajar. ¡Sólo han aprendido a mover el abanico y estirar la mano!

Estas zorras, no son como la zorra de Cri-Crí; aquella de la fábula era un ejemplo de trabajo fecundo, pues además de cuidar y mantener a sus zorritos, no se daba a vasto de contestar el teléfono de tan popular que era, pero ella era apolítica.

En el actual proceso electoral federal vemos a viejos zorros, zorras y zorritos peleando rabiosamente el derecho a disputarse los huesos políticos, usando la astucia del bajo mundo con diatribas, mentadas, engaños, mucho güiri güiri, mucho jarabe de pico, muchas promesas, y para no hacer política con saliva, la hacen con nuestros dineros públicos, pues en este electorero 2015, el Instituto Nacional Electoral -INE- repartirá 5 mil 356 millones de pesos, entre los zorros de la partidocracia.

¿A poco cree que esos astutos zorros se van a gastar su dinero?

¡Ni maiz paloma, van por más!

¿No sería mejor que ese dineral se destinara a construir y reparar ruinosas escuelas, surtir de medicamentos a los hospitales públicos o invertirlo en educación, ciencia y cultura?

¿Es saludable que en aras de una tan llevada y traída democracia sigamos manteniendo a esos zánganos zorros con nuestros dineros públicos?

 

DE CHAPULINES

¿Usted sabe que son los chapulines?

En náhuatl, chapulín quiere decir insecto que brinca como pelota de hule.

Existe una gran variedad de chapulines, pero los chapulines de milpa o de la pradera son comestibles y nutritivos. En Oaxaca, por ejemplo, los chapulines tostados en el comal forman parte de la comida popular de ese estado, y son altamente codiciados por propios y extraños.

¿Pero por qué le hablo de esos animalitos?

Bueno, porque en la zoología política, reciben el nombre de chapulines los chambistas que siempre están agarrados de la ubre presupuestal y son finísimos para brincar de un hueso a otro. ¡Esos no se comen!

Es decir, que los que hoy son diputados, le brincan a una gubernatura, una alcaldía, una diputación local y hasta una regiduría, y los funcionarios que están en algún gabinetazo brincarán a las curules o de donde se puedan agarrar los próximos tres años, pues ellos saben que vivir fuera del presupuesto es un error y es el horror.

El fenómeno de los chapulines está en su mero apogeo en todo México.

 

SALTANDO DE UN HUESO A OTRO

En los últimos días se han separado del cargo 21 diputados, tres senadores y dos funcionarios del Gobierno Federal, pero se cree que en los próximos días será un brincadero de chapulines, que buscarán vivir de nuestros impuestos.

Centenares de chapulines casi no duermen, y han comenzado a mover sus fichas en los partidos políticos e incluso, no pocos, están dispuestos a romper el cochinito para comprar el próximo hueso político, sea una gubernatura, alguna de las 500 diputaciones federales, una de las casi mil alcaldías o de las 639 diputaciones locales.

¿A poco cree usted que los dueños de la partidocracia no venden los cargos de elección popular? No olvidemos que la política es una jugosísima industria que da de comer y con manteca a más de 26 mil zánganos en los tres niveles de gobierno.

 

LOS “ESFORZADOS” PLURINOMINALES

Los únicos que obtienen esos huesos, sin mucho brinco, son los descendientes de las familias poderosas que son dueños de cada partido político. La mayoría de ellos entran por la vía plurinominal, sin hacer campañas electorales, solamente a sentarse en el hueso, a cobrar y también a robar si se puede.

Los chapulines verde, blanco y colorado son los más urgidos en ganar la mayoría parlamentaria en la Cámara Federal de Diputados, donde actualmente cuenta con 214 curules, más las 27 de la rémora satelital llamada Partido Verde, que sólo hace alianzas con el partido que se encuentre en el gobierno, para totalizar 241 diputados.

Recordaré que para ser mayoría parlamentaria se requiere contar con la mitad más uno, es decir, 251 diputados, y el gobierno  está urgido de llenar de chapulines la Cámara de Diputados, aunque para realizar reformas a la Constitución se requieren de dos terceras partes, o lo que los clásicos llaman: tener una aplanadora priista o el carro completo para ganar de todas, todas.

¿Usted tiene algún chapulín como gallo o gallina?

 

DE ELEFANTES

Hace casi 5 millones de años, vastas regiones de la Tierra estuvieron pobladas por unos gigantescos animales peludos llamados vulgarmente mamuts, un género de mamíferos de la familia Elephantidae, que se extinguirían mil 700 años a.C.

A imagen y semejanza de aquellos mastodontes, los mamuts serían sustituidos por una familia más pequeña conocida como elefantes, sólo que éstos carecen de pelo, pero al igual que sus ancestros, poseen una memoria privilegiada y unos colmillos muy retorcidos.

Los mamuts tenían las orejas más pequeñas, mientras que las de los elefantes son gigantescas. La trompa siempre ha sido la misma para alcanzar el ramaje de los árboles, y también para perforar y extraer el agua. Tanto los mamuts, como los elefantes, tienen la piel muy gruesa y son capaces de identificar las voces de cien personas distintas.

De acuerdo con estudios científicos, los elefantes son capaces de reconocer los restos de cadáveres de su misma especie, principalmente, los de su manada, que al parecer distinguen por su olor. Cuando ello ocurre, se producen escenas conmovedoras, pues parecen rendirles un homenaje póstumo, tocándolos con sus trompas y pezuñas.

¿Por qué hago historia de estas criaturas?

Porque en la zoología política hay otra familia de colmillos muy retorcidos, piel muy gruesa y resistente para que se les resbale todo, y, como los elefantes, suelen ser solidarios cuando hacen alianzas con sus opositores políticos, pues aplican al pie de la letra aquella máxima de “tapaos los unos a los otros”. Pero cuando se trata de enemigos públicos, suelen ser agresivos y salvajes.

Cierto es que la política mexicana y mundial atraviesa por una terrible degradación y crisis, a razón de un criminal modelo económico neoliberal, que ha hecho una sociedad vacía, materialista, consumista y neurótica, pero los políticos de colmillo, retorcido y no retorcido, aún perduran, porque son finos en el arte de la demagogia, la simulación, la corrupción y la mentira.

Seguramente, ya se dio cuenta que no mencioné a los elefantes blancos, que en Tailandia son sagrados. Hay muy pocos de esta especie, y, por lo regular, los propietarios suelen ser reyes o personas de muy alta alcurnia política, económica y social. Mientras más elefantes blancos posean, mayor será su estatus.

Y como los elefantes blancos son sagrados, algunos maloras suelen regalar a sus súbditos y enemigos una de estas criaturas para llevarlo a la ruina, pues los elefantes tragan a lo bestia, y esos individuos se ven en el dilema de decidir si comen ellos o las blancas criaturas. ¡Muchos mueren irremediablemente!

Pero el término elefante blanco es usado en la política y sociedad mexicana para definir algo que no sirve, y ahí está tragando como un elefante blanco.

Claro que los partidos políticos son elefantes blancos, que se tragan nuestros dineros públicos, porque los costos de manutención de la partidocracia son mayores que los beneficios que aportan a la sociedad.

¿Vale la pena que los electores, que han sido reducidos a pagadores de impuestos y viles objetos de uso electoral, sigan dándoles de tragar a esos elefantes blancos?