Rehenes


Ari Salgueiro

 Las culpas pueden repartirse, sin duda, pero hay unos más culpables que otros y por culpa de estos culpables hay muchos inocentes que pagan las consecuencias.

¿A que me refiero? A un problema que comenzó a gestarse desde hace muchos años y que el lugar de solucionarse cada vez crece más y amenaza con convertirse en una inmensa bola de nieve.

El magisterio nacional arrastra vicios de origen que durante muchos años fueron no solo obviados o tolerados, además fueron incentivados por dirigentes sindicales corruptos a los que convenía contar con un magisterio poco preparado al cual se podía manipular con cierta facilidad.

Saul Lopez

Cuando surgió la disidencia magisterial se pensó que con ella se podría dar un golpe de timón y cambiar las perspectivas de desarrollo que no solo ayudaría a la superación del gremio, sino que además detonaría el desarrollo educativo en México.

Lamentable decepción se llevaron los optimistas pues la disidencia magisterial, encarnada por la CNTE, en lugar de convertirse en una opción se transformó rápidamente en un nuevo y exacerbado problema.

Poco a poco ciudades importantes, estratégicas para el desarrollo, se convirtieron en rehenes de los grupos de choque del magisterio que amparados en la fuerza han terminado por convertir en prácticamente inhabitables los que antes fueron verdaderos paraísos.

Es el caso de Oaxaca, la mítica ciudad considerada como un tesoro de la humanidad y que ha sido devastado por un grupo magisterial que quiere conseguir sus fines políticos sin importar que pase por encima de esa maravillosa ciudad y sobre todo de sus atribulados habitantes, quienes, desde hace años, se han convertido en rehenes de estos grupos.

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Los problemas no se quedan en los evidentes problemas de circulación, la vida productiva de esa ciudad está prácticamente liquidada. El turismo ha decaído en gran medida y las pérdidas económicas han sido terribles.

El caso de Acapulco no es menos dramático. El otrora centro turístico por excelencia, vive una durísima época de vacas flacas.

Si, es cierto que en gran medida esto se debe al grave problema de inseguridad que afecta al estado de Guerrero, pero también los maestros han puesto su grano de arena para hacer de Acapulco otra ciudad devastada por las manifestaciones.

Las continuadas manifestaciones, protestas y plantones que el magisterio ha decidido que se conviertan en parte del paisaje habitual del puerto y de sus principales vías de acceso, han ayudado mucho a que los turistas piensen en otros destinos y comiencen a alejarse de esas playas, de por sí, ya muy desacreditadas por malas administraciones.

Pero la joya de la corona es, sin duda, la Ciudad de México, capital del país, centro neurálgico de México  que es, el “marchódromo” por excelencia para todos los manifestantes del país.

En una ciudad de 20 millones de personas, en la que el movimiento es continuo, una marcha puede desquiciar todo, principalmente cuando se trata de una urbe centralizada en todos los sentidos.

La mayoría de las dependencias federales, al menos muchas de las más importantes se encuentran en un radio de unos 20 kilómetros cuadrados, así como una gran cantidad de empresas, lo que hace que la vorágine en el alargado centro de la ciudad sea continua.

Así que, ¿Qué mejor botín para quien quiere llamar la atención?

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Con esa premisa el magisterio también intentó posesionarse de las calles de la ciudad y lo logró durante un tiempo con la complicidad o temor de un gobierno capitalino, conocido por su incapacidad para enfrentar las crisis.

No fue sino hasta que el gobierno Federal, luego de mucho tiempo de observar pacientemente una situación que paso a paso se volvía incontrolable, decidió intervenir y poner fin al atropello del que eran victimas los habitantes de la capital.

El presidente Enrique Peña Nieto ha manifestado que no se permitirá que ningún grupo vulnere con plantones la libertad de movimiento de los ciudadanos mexicanos, ojalá que así sea, pero no solo para el Distrito Federal, también para todo el territorio, especialmente esas ciudades, rehenes de intereses ajenos al bien común.