Reflexiones: El fracaso oficial en el combate a pobreza


José Réyez

A tres años de la puesta en marcha por el gobierno federal de la cruzada contra el hambre (Sin hambre), a través de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), resulta evidente que este programa avanza hacia el abismo, justo donde se encuentran millones de pobres cuyos ingresos no les alcanzan para cubrir sus más elementales necesidades de alimentación, vestido, educación y salud.

Y es que basta con echarle un ojo a las cifras más recientes sobre el fenómeno para comprobar que la cruzada contra el hambre configura más una estrategia de mediatización y engaño a la población de bajos ingresos del país que un verdadero programa de combate al flagelo de la pobreza en que se encuentra más de 50 millones de mexicanos.

Apenas el pasado 24 de abril la Sedesol “reconoció que los niveles de pobreza entre los mexicanos (con datos de 2012, son similares a los de 1992, a pesar de que en ese periodo se establecieron Programas de Transferencias Condicionadas, como Oportunidades. Se calcula que con esta estrategia cada año se ejercieron alrededor de 80 mil millones de pesos” (Angélica Enciso, La Jornada, pág. 34).

Es decir, oficialmente se admite que en 22 años el número de pobres se ha mantenido sin cambio alguno y muy lejos se ve que la situación pueda mejorar o siquiera atenuarse, pese a los enormes recursos destinados con ese propósito, ya que, a ese ritmo, y de ser cierto el dato oficial del número de personas atendidas, por lo menos serán necesarios varios sexenios para erradicar el fenómeno de la pobreza que, como se sabe, es consustancial al sistema capitalista de producción, en el que a mayor pobreza, menor es el número de poderosos que concentran la riqueza social del país.

En su informe, la Sedesol da cuenta del éxito del gobierno federal en el combate a la pobreza, al haber sido beneficiados durante el segundo año del programa Sin hambre unos cuatro millones de pobres, lo cual es una falacia ya que de acuerdo con las cifras sobre la pobreza del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) las cifras de pobreza y pobreza extrema  son de 52 y 11.7 millones de personas, respectivamente, de tal manera que las cifras oficiales de beneficiados no cubren ni siquiera al 10 por ciento del número de pobres, o apenas a la tercera parte de los que viven en pobreza extrema.

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“Entre 1992 y 2012, según datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos (ENIGH), el poder adquisitivo promedio de los mexicanos disminuyó y los ingresos de las familias no crecieron en más de dos décadas, esto, no sólo implica una falla en el desarrollo económico y social del país, sino también demuestra que la pobreza no puede reducirse a pesar de los resultados en el incremento a las coberturas básicas de educación, salud y vivienda, señaló el Informe de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2014 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval)”. (Idem).

La perspectiva optimista de la Sedesol se vienen por tierra si consideramos que el desempleo continúa su marcha ascendente como resultado de la disminución del Producto Interno Bruto, el consecuente recorte presupuestal anunciado recientemente por el gobierno federal, así como la reducción de los ingresos petroleros, lo cual agudiza la crisis sistémica para los próximos años en el que el número de pobres crecerá inexorablemente.

Pero si el programa Sin hambre no ha beneficiado a la mayoría de la población, sí lo ha hecho con las grandes empresas nacionales y extranjeras, que obtuvieron jugosos convenios comerciales para colocar productos con dudoso valor nutricional en comunidades rurales y marginadas del país, obteniendo pingües ganancias a costa del presupuesto público. De tal suerte que la Cruzada Contra el Hambre lejos de ser a favor de los mexicanos pobres y extremadamente pobres, es una estrategia para beneficiar a los grandes empresarios.

De acuerdo con la medición de pobreza por ingresos de Coneval, en 1992 poco más de 53 por ciento de la población se encontraba en pobreza patrimonial, mientras que en 2012 el porcentaje era prácticamente el mismo, 52.3 por ciento. El Coneval señaló que mientras no se haga una redistribución de la riqueza y se busque la forma de dar a la gente más empleos no podrá salir del círculo de la pobreza.

En febrero, en una conferencia de prensa, la coordinadora nacional de Prospera (antes Oportunidades), Paula Hernández, reconoció que a pesar de 17 años de Programas de Transferencias Condicionadas (del tipo de Oportunidades y Prospera) en 2012 la pobreza de los mexicanos era similar a la de 1992. Dijo que se desconocía la cantidad de población que había salido de la pobreza con esos programas.

REFLEXIONS  SIN HAMBRE MUCHO RUIDO, POCAS NUECES

En 2012, de 600 mil familias que dejaron Oportunidades por haber mejorado sus condiciones de vida, 70 por ciento volvió a la miseria. De acuerdo con estudios de Genaro Aguilar, economista del Instituto Politécnico Nacional, cada año se destinaron a Oportunidades (que operó en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón) alrededor de 80 mil millones de pesos. Aunque, este año Prospera cuenta con alrededor de 74 mil millones para atender a 6.1 millones de familias en pobreza.

Entonces, con la cifra oficial de apenas cuatro millones de beneficiados con el programa Sin hambre, la Sedesol de Rosario Robles Berlanga pretende tapar el sol con un dedo, con lo que se suma al resto de los funcionarios que durante los últimos cinco sexenios han utilizado el combate a la pobreza para mediatizar a la inmensa mayoría de la población que vive en esta condición social.

Sin duda alguna, la pobreza, paradójicamente, seguirá ganando la batalla a los gobiernos de todo signo político o ideológico. Por su propia naturaleza, intrínseca al sistema económico que la genera, les ha ganado la partida y amenaza con derivar en conflictos sociales.