Política Inconfesable: Tiempo de canallas…


Rodrigo Villar

 La tragicomedia mexicana ha escrito un nuevo capítulo de frustración para un sector importante de la sociedad mexicana. La escasa moral y ética política del PRD abre un enorme hueco a las preferencias del electorado que abrá de acudir a las urnas en próximo mes de junio. El envilecimiento de la actual dirigencia perredista, que ha tenido en sus tres últimos dirigentes al peor ejemplo del comportamiento de una fuerza de izquierda en México, sin duda habrá de conducir a un reacomodo de las preferencias de los ciudadanos.

Estamos en la hora de las cuentas. Con los años recientes, desde que el PRD, y su graciosa alianza con fuerzas políticas locales en Guerrero, consiguió hacerse de la gubernatura en el estado de Guerrero se desató un fenómeno de criminalización de la política en esa entidad, que tuvo para infeliz desenlace, la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre.

A nadie, con dos dedos de frente, cabe duda que la corriente Nueva Izquierda –lidereada por Jesús Ortega Martínez, Jesús Zambrano Grijalva y Carlos Navarrete-, atropelló el cauce de la débil democracia participativa en México. Si los dos partidos políticos tradicionales mas longevos se encargaron de desacreditar el proceso democrático que nació enfermo tras el proceso de la postrevolución, el partido del sol azteca contribuyó a desacreditar definitivamente el sistema de partidos, y en consecuencia aportó una dosis mayor a la desconfianza popular en esas instancias electorales.

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En Guerrero, el PRD de los chuchos (Ortega y Zambrano, y su mastín suelto de apellido Navarrete) ha degenerado en una camarilla de delincuentes electorales que sortean cuanta evidencia les señale como responsables de la grave descomposición política de la llamada izquierda partidista tradicional.

Lo mismo les vemos del brazo del represor poblano, Rafael Moreno Valle en los festejos de informe de gobierno del estado, en reuniones secretas con funcionarios del gobierno federal, o en el peor de los casos construyendo un entramado de corrupción y de ligas con la delincuencia en el estado de Guerrero.

Y la pregunta que subyace sobre el actuar de estos sujetos, dedicados a servir como vasallos a diversos intereses, es ¿sólo en Guerrero se vincularon con delincuentes? Creo que es pertinente considerar que en el estado de Michoacán, en Jalisco, Tamaulipas, Sinaloa, Colima, Nayarit, Chiapas y nuestro lastimado estado, ese grupo de la izquierda partidista también tiene relaciones e intereses que proteger, ¿o, no?

Lo dramático para los cientos de miles de perredistas en esos estados, y en Guerrero en especial es que en tan sólo diez años su partido se convirtió en una caja de resonancia de las peores prácticas de la política. Esa entidad, como la historia contemporánea los establece, se convirtió en escenario de luchas sociales recientes  y movimientos guerrilleros (de los años setentas del siglo pasado) que han pretendido reivindicar a los mas pobres y desalentados del país.

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Ahora los perredistas se trasladan, con sus acciones y defensa de intereses espurios y criminales, a un estadio de confort político después que la tragedia de la desaparición de los 43 estudiantes les llevó a la lona política, de la cual –hay que aclararlo- aún no se se logran incorporar, pues el descrédito político, y lo mas grave, la perdida de confianza de los ciudadanos.

Y resulta que, como el sistema de partidos políticos se viene debilitando de forma estrepitosa, a un importante sector que lo integra no le conviene que el PRD se encuentre reducido a escombros –producto de su malicioso y corrupto desempeño-, porque cuestionarlo y ponerlo en duda, es cuestionar y poner en duda a todo el actual universo político que domina el espectro de la política formal en el país.

Por tal razón urge, al sistema, que el PRD no continúe haciendo agua, y así con la misma urgencia corresponde al poder político-económico que hoy tiene atribulada a la sociedad,  salir en busca de la salvación de la dirigencia perredista: la misma que negoció con la delincuencia en Guerrero.

Sin embargo la dirección actual del PRD lleva tatuado un problema de fondo: no permitirá que nadie le despoje de las ventajosas negociaciones con el poder político y económico. Hasta ahora a la corriente Nueva Izquierda y sus padres fundadores, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, junto con sus mastines Carlos Navarrete y Guadalupe Acosta Naranjo, el trato con las mieles que les acercan los poderosos les han creado una dependencia de las ventajas que acarrea tener picaporte en los centros del poder.

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Es una droga a la que difícilmente van a renunciar. Por ello comenzamos a observar la operación cicatriz, con objeto de darle la vuelta a la tortilla, y pasar del lado oscuro de la negociación con delincuentes y mafiosos al lado de la honorabilidad política.

Ya andan en su campaña de defensa de la trasparencia y la honestidad.

No obstante es pertinente esperar, habrá que hacerlo en los próximos meses. En Guerrero nadie lo va a tener fácil. Menos los políticos corruptos de izquierda –de todos los partidos con esa tendencia- que negociaron por unas monedas la libertad y el derecho a vivir sin sobresaltos de la sociedad.