Política Inconfesable: Lo que se comenta en Oaxaca


Rodrigo Villar

Las estructuras paralelas en el ejercicio del poder político de Oaxaca, evidentemente toleradas y animadas por la connivencia del gobierno de Gabino Cue, se encuentran operando a toda su capacidad y ya nada las detiene.

En estas páginas, la semana pasada, se nos reveló cómo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a través del Sistema de Administración Tributaria dio un golpe a la impunidad y la corrupción que el señor gobernador prohija y alienta. Y vaya usted a saber qué clase de intereses le unan con  ciertos funcionarios.

La revelación del adeudo que Jorge Enrique Castillo Díaz, el amigo personal de Gabino Cue, por un monto de 64 millones de 375 mil de pesos, nos pinta de cuerpo entero al gobernante, que llegó al poder mediante engaños a Andrés Manuel López Obrador, y abrió la puerta a la corrupción, las transas y el oprobio.

Traer a colación la cultura de corrupción en la actual mescolanza de gobierno, nacido de una alianza antinatural entre la derecha y la izquierda política, sólo nos provocaría –de nuevo- serios dolores de cabeza.

Considero que usted, lector, se encuentra más ofendido que yo. Porque cuando, quien esto escribe, se expresa en medios críticos como este, pues, tiene posibilidad de desahogarse frente al cúmulo de trapacerías y corruptelas que cruzan impunemente frente a nuestros ojos. Y la mayoría de las personas que nos brindan el favor de leernos no tienen tal beneficio. Así que no repliquemos los actos vandálicos de Jorge Enrique Castillo Díaz y la permisividad de su mentor, el gobernador Cue.

Simplemente déjeme expresar mi indignación porque el señor Castillo Díaz, que quien sabe cuánto dinero tenga en su poder, si adeudaba a la autoridad fiscal más de 64 millones de pesos por concepto de impuesto, pues ¿de qué tamaño es su fortuna, y de aquellos para los que trabaja?

Crea usted que ese sujeto, al que una vez conocí en la Ciudad de México y que allá estaba muy cerca del diputado perredista y hoy presidente estatal de ese partido en Oaxaca, Carol Altamirano, quien lo presentaba con grandes caravanas en el las oficinas del gobierno federal y en el Senado de la República y la Cámara de Diputados, se daba aires de gran señor y notable conocedor de la política nacional.

INCONFESABLE ARDE HOGUERA

Pero en este caso, dicen que el problema no es Castillo Díaz, porque es un mandadero –eso sí muuuy rico- de su patrón, el gobernador que lo tiene cerca de la casa de gobierno.

Comentan que el fondo de la cloaca que El Correo de Oaxaca descubrió la semana pasada tiene nombre y apellido: Gabino Cue.

A el hay que apuntarle el dedo acusador de la opinión pública porque permitió, tan sólo en el caso de Castillo Díaz que moviera tal cantidad –eso si abrumadora- de dinero. Y también, aún hay que dilucidar si esos recursos provinieron de las partidas públicas, es decir del dinero que usted y yo aportamos a la hacienda pública, para conformar la bolsa del presupuesto anual.

Como le comentaba, el problema es por qué los ciudadanos permitimos que estos fulanos se empoderen y actúen como reyezuelos.

Pero acudamos al sentido común, pues hemos observado y tolerado en el último decenio actos vandálicos contra la hacienda pública, en perjuicio de los pobres y los pobres de los más pobres en la entidad. Hemos atestiguado -cuando digo actos vandálicos- el desfalco a las enormes bolsas de recursos que se tuvieron que destinar a resolver los graves problemas que nos aquejan, como la deficiente salud, el desamparo a la inversión estatal en materia de infraestructura, el grosero desempleo, la deficiente educación, por mencionar parte de un rosario de catástrofes sociales.

Mientras a la abrumadora mayoría de les perjudicó, una minoría focalizada fue beneficiada, se atiborraron las alforjas, se atascaron, se embrutecieron con el dinero del pueblo. Y sin reparo hoy lo siguen haciendo. Ofenden la dignidad y la inteligencia de la sociedad, y lo más graves es que no les importa, esto se asemeja a una carrera por acumular riquezas inexplicables.

inconfesable JORGE CASTILOLO

Todo se reduce al poder, a la seducción de amasar dinero –que no es bien habido-, y a la desfachatez de no comprender que en el ambiente comienza a oler a incendio, a yerba quemada, a que el pueblo está hartándose.

Entre los hombres que detentan el poder, los empresarios, los Cue, los diputados, los senadores, la realidad aún se difumina en señalamientos al hartazgo social como brotes aislados de inconformidad. No se tiene claro que las imágenes ardientes en las calles de la capital, el conflicto con la policía, avizoran un panorama nada halagüeño.

La descomposición que comenzó en las casas de los hombres de esos hombres del poder, ya se trasladó a las calles de Oaxaca, donde ya arde la hoguera.