Murió Günter Grass, conciencia de Alemania en el siglo XX


Escritor, dibujante, escultor y crítico social.  

Su obra recopiló esperanzas, miedos y anhelos de generaciones completas.

Su obra fue premiada con el Nobel en 1999; luchó por la unificación de Alemania.

 Agencias

El pasado lunes 13 de abril  murió a los 87 años en Lübeck, Alemania,  Günter Grass, novelista y conciencia crítica de Alemania en la segunda mitad del siglo XX. Devolvió la dignidad a la literatura de su país pero su figura acabó ensombrecida en el 2006 tras confesar que de joven sirvió en las Waffen SS. Demasiados años de silencio, ocultación y sus lecciones como antinazi.

El autor de El tambor de hojalata tenía buena salud y había estado trabajando hasta la semana pasada en su nuevo libro, pero una infección grave provocó su súbita internación en un hospital de Lübeck, donde murió por la mañana acompañado por su familia, señaló su secretaria, Hilke Ohsoling.

Alemania perdió así a una de las figuras más relevantes de su historia moderna, tanto por su decisivo papel en la proyección mundial de la literatura alemana tras la guerra, como por su ardiente compromiso político y sus muchas polémicas.

“En sus novelas, en sus cuentos y en su lírica se encuentran las grandes esperanzas y equivocaciones, los miedos y los anhelos de generaciones enteras”, definió el presidente federal alemán, Joachim Gauck. “Su obra es un impactante espejo de nuestro país y un componente de su patrimonio cultural y artístico”.

Por su parte, la canciller Angela Merkel, criticada en varias ocasiones por Grass, envió un telegrama a su viuda despidiendo “con profundo respeto” a un autor que “acompañó y marcó como pocos la historia de la posguerra en Alemania, con su compromiso tanto artístico como político y social”, apuntó.

El elogio más encendido llegó de la ministra de Cultura, Monika Grütters, que equiparó al escritor con el máximo hito de las letras germanas: “Günter Grass fue un literato mundial. Su legado literario se ubicará junto al de Goethe”.

 

INICIOS, OBRAS Y OTRAS DISCIPLINAS

Nacido el 16 de octubre de 1927 en la ciudad polaca de Gdansk, Grass se convirtió ya en una celebridad internacional con su novela El tambor de hojalata (1959), primer volumen de una trilogía que siguió con El gato y el ratón (1961) y Años de perro (1963).

En más de medio siglo de carrera, el autor dejó una amplia obra que recorrió géneros tan diversos como drama, lírica, piezas de ballet, aforismos, ensayos y novelas, además de esculturas, dibujos y pinturas.

También una trilogía autobiográfica que incluía Pelando la cebolla (2006), en donde Grass confesó que a los 17 años había formado parte de las Waffen-SS, cuerpo de seguridad especial del régimen nazi, y desató así una polémica que lo acompañó hasta sus últimos días.

“Si miro hacia atrás, siempre lo he contemplado como una mancha que me oprime y sobre la que no podía hablar”, contó entonces sobre su demora en admitir ese pasado.

 

LLEGÓ EL NOBEL

El conjunto de su obra fue reconocido en 1999 con el último Nobel de Literatura del siglo. “La decisión fue muy consciente”, recordó ayer Per Watberg, miembro del jurado. “En la Academia Sueca lo vimos como la cima del siglo XX. Él fue el siglo XX, por lo menos después de Thomas Mann”. Ese año recibió también el Premio Príncipe de Asturias.

Encarnación del intelectual de izquierda comprometido, Grass participó activamente en el debate político alemán, hizo campaña para el partido socialdemócrata y asumió una postura siempre polémica y de referencia en temas como la reunificación alemana, la energía nuclear o la superación del pasado nazi.

 

POLÉMICO Y PARTICIPATIVO

El novelista volvió al centro de la polémica en 2012, al considerar a Israel “un peligro para la paz mundial”, en el poema Lo que hay que decir. Fue acusado de delirante y antisemita en Alemania y declarado “persona non grata” en Israel.

El escritor, que había aparecido en público por última vez el pasado 28 de marzo, durante la presentación de la versión para teatro de El tambor de hojalata, trabajó también hasta el último momento en su próximo libro, según reveló su editor.

“Terminamos el libro literalmente la semana pasada”, detalló Gerhard Steidl. La obra Vonne Endlichkait (dos palabras inventadas que sonarían a algo similar a De la finitud), se publicará en el verano.

El editor de la casa Steidl definió el manuscrito como “un experimento literario” en el que el autor “mezcló textos en prosa y lírica”.

 

REACCIONES DE LITERATOS

Personalidades de las letras de todo el mundo elogiaron ayer la figura de Günter Grass.

“Es muy triste. Un verdadero gigante, una inspiración, un amigo”, afirmó el escritor británico Salman Rushdie en su cuenta de Twitter.

La Nobel austriaca Elfriede Jelinek reveló que El tambor de hojalata marcó su vocación hacia las letras: “Creo que ya desde las primeras páginas de la novela tuve la sensación de que alguna vez sería escritora”.

El húngaro Imre Kertesz ratificó su unión con Grass, pese a las diferencias: “No tratamos el mismo tema, pero éramos amigos y nos apreciábamos”, señaló el también Nobel de Literatura a través de su mujer, Magda.

El rumano Mircea Cartarescu calificó a Grass como “uno de los últimos grandes escritores vivos”. Mientras que el dramaturgo italiano Dario Fo, otro Nobel, describió a El tambor de hojalata como “un libro excepcional, realmente hermoso, muy importante”.

 

LAS VOCES DEL SÉPTIMO ARTE

También el cine se mostró conmovido por la muerte de Grass por medio del director alemán Volker Schlöndorff, cuya versión para la gran pantalla de El tambor de hojalata ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa en 1980.

El presidente de la Academia de las Artes de Berlín, Klaus Staeck, consideró que la pérdida de Grass deja al mundo de la literatura “sin un autor de palabras poderosas”, y a Alemania “sin su ciudadano más combativo”.

 

SENTIMIENTO MEXICANO

Para el escritor mexicano Pedro Ángel Palou, Grass no sólo es una de las plumas más importantes en lengua alemana, sino el autor de una prosa que mezcla la dureza y la sensibilidad.

“Me parece que es una de las voces más intensas de la literatura alemana de la posguerra (junto con Heinrich Böoll y Herta Müller)”, dijo el narrador vía electrónica.

 

GRASS EN SUELO AZTECA

Günter Grass tuvo muchas afinidades con la literatura latinoamericana de los años 70, al punto que sentía un profundo respeto por escritores como Juan Rulfo, narró el escritor, editor y traductor mexicano Héctor Orestes Aguilar. Una prueba sutil de esta afirmación fue pública cuando ambos escritores coincidieron en una mesa redonda.

“En aquella ocasión, Grass olvidó sus anteojos en la habitación del hotel. Entonces, Rulfo le dijo: ‘Mire, le presto mis anteojos para leer’. A lo que Grass respondió: ‘Gracias a esta ocasión mágica voy a poder leer a través de la mirada de un gran escritor’.

Vía telefónica, Orestes Aguilar añadió que la obra del alemán es una propuesta crucial de las letras universales del siglo XX y comienzos del XXI. “Es el mejor representante de la literatura alemana en prosa. Grass es el gran puente literario entre los novelistas de prolongado aliento que germinaron en la primera parte del siglo XX con la literatura de la segunda parte del siglo pasado, de la posguerra, en la que Grass se distinguió como una de las voces más originales y deslumbrantes”.

Recordó que fue en México donde se le publicó por primera vez fuera de Alemania. “Esto lo hizo posible la editorial Joaquín Mortiz, cuando tradujo y publicó, en su Serie del Volador, la Trilogía de Danzig, integrada por El tambor de hojalata (1959), El gato y el ratón y Años perros.

Y refirió que la última imagen que tiene del autor en nuestro país data de 1993, cuando Grass sostuvo un diálogo intenso con el narrador y cronista Juan Villoro en el Instituto Goethe de la Ciudad de México.