Murió el poeta, escritor y académico Eduardo Lizalde


Eduardo Lizalde
  • Su poesía dejó el corte tradicional romántico para realizar un ejercicio de pensamiento profundo del presente que vivimos.
  • Desarrolló un estilo poético que marcó a generaciones posteriores de poetas en México e Hispanoamérica, afirmó Marco A. Montes de Oca.

De la Redacción

Rodeado de libros

El escritor, poeta y académico mexicano Eduardo Lizalde falleció el pasado miércoles a la edad de 93 años.

La Academia Mexicana de la Lengua, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y diversas dependencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lamentaron a través de las redes sociales el fallecimiento del escritor, quien era uno de los referentes de la poesía mexicana.

Eduardo Lizalde Chávez también fue guionista de televisión y narrador. Es uno de los escritores de mayor presencia en la literatura mexicana; como periodista cultural publicó innumerables reseñas sobre literatura y música, particularmente de la ópera.

En La zorra enferma Lizalde escribió: “Los poemas/ de perfectísima factura,/ los más grandes,/ son exclusivamente/ un manotazo afortunado./ Todo poema es infinito./ Todo poema es el génesis./ Todo poema nuevo/ memoriza el futuro./ Todo poema está empezando.”

El autor era conocido como El Tigre, seudónimo derivado de su poemario El tigre en la casa (1970), obra que lo consagró como poeta universal.

EL MAYOR DE LOS POETAS

HISPANOAMERICANOS

Rodeado de libros

Cuando se afirma que Eduardo Lizalde era el mayor de los poetas hispanoamericanos no es un halago al vacío o un cumplido formal. Su lírica universal contempla la ironía, la sensualidad, el humor y la inteligencia del lenguaje para referir al dolor, amor, violencia, esperanza y desencanto de la vida misma. Su poesía se deshizo del velo tradicional romántico para convertirse en un ejercicio de pensamiento profundo del presente que nos acongoja.

Así lo expresan los escritores Gonzalo Celorio, Marco Antonio Campos y Eduardo Langagne quienes valoran los aportes de Lizalde a la poesía en español, y coinciden en que su legado es, además de decenas de poemarios, el uso preciso de la palabra poética para reflexionar sobre la vida que, él mismo afirmó, no es fácil vivirla.

“Eduardo Lizalde se inscribe como una figura importante dentro de esta tradición de la poesía mexicana, pero también su obra tiene resonancia en otras áreas de la literatura porque es un poeta de dimensión universal lo que no le resta mexicanidad, y es alguien que pudo combinar de manera excepcional y con gran conocimiento, la expresión poética con la intelectual”, refirió Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, a la que el poeta ingresó en 2007.

La UNAM le otorgó en 2015 el Doctorado Honoris Causa

“Es un gran poeta, el mayor de la lengua española con un gran poder verbal que podía hacer lo mismo un excelente poema filosófico que recrear la figura del tigre en varios de sus libros. Para mí sus libros indispensables son El tigre en la casa y Casa mayor”, acotó Marco Antonio Campos, también poeta mexicano.

La obra del también ensayista, narrador y traductor se distingue por el uso del lenguaje que al tiempo que es épico y simbolista, puede ser desgarrador, lúdico, preciso y sarcástico en un esfuerzo bien logrado por conectar con los lectores; aunque en varias ocasiones el propio Lizalde reconoció que pocos leen poesía.

“Le corresponde una época donde la poesía mexicana representa un papel importante para nuestras nuevas generaciones e incluso para quienes nacieron en los años 50, como yo, su poesía es una nueva plataforma en el sentido de que hay una lectura diferente con una propuesta abierta, nueva y fresca para la escritura de poesía”, añadió Eduardo Langagne, poeta mexicano.

Nació en la ciudad de México, el 14 de julio de 1929 y estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Publicó sus primeros poemas en 1948 y en 1956 apareció la obra La mala hora. Después, otros poemarios, entre los que destacan Cada cosa es Babel (1966), La zorra enferma (1974), Caza mayor (1979), Tabernarios y eróticos (1989), Rosas (1994) y Otros tigres (1995).

Premios del poeta

En 2009 obtuvo la Medalla de Oro de Bellas Artes en reconocimiento a su trayectoria, en 2013 el X Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca y en 2014 el Premio Federico García Lorca, que recibió de las manos de los príncipes de Asturias.

Reconocido por formar parte del movimiento llamado Poeticismo a inicios de la década de los 40, junto con los poetas Gerardo Deniz y Marco Antonio Montes de Oca, Lizalde desarrolló un estilo poético que marcó a generaciones posteriores de poetas en México e Hispanoamérica.

HAY UN TIGRE EN LA CASA

Hay un tigre en la casa
que desgarra por dentro al que lo mira.

Capilla ardiente que albergó los restos mortales del poeta

Y sólo tiene zarpas para el que lo espía,
y sólo puede herir por dentro,
y es enorme:
más largo y más pesado
que otros gatos gordos
y carniceros pestíferos
de su especie,
y pierde la cabeza con facilidad,
huele la sangre aun a través del vidrio,
percibe el miedo desde la cocina
y a pesar de las puertas más robustas.

Suele crecer de noche:
coloca su cabeza de tiranosaurio
en una cama
y el hocico le cuelga
más allá de las colchas.
Su lomo, entonces, se aprieta en el pasillo,
de muro a muro,
y sólo alcanzo el baño a rastras, contra el techo,
como a través de un túnel
de lodo y miel.
No miro nunca la colmena solar,
los renegridos panales del crimen
de sus ojos,
los crisoles de saliva emponzoñada
de sus fauces.

Ni siquiera lo huelo,
para que no me mate.

Pero sé claramente
que hay un inmenso tigre encerrado
en todo esto.

 

 

Y EL MIEDO ES UNA COSA GRANDE COMO EL ODIO

Y el miedo es una cosa grande como el odio.

El miedo hace existir a la tarántula,

la vuelve cosa digna de respeto,

la embellece en su desgracia,

Guardia de honor encabezada por Margo Glantz, Adolfo Castañón y Ernesto Velázquez

rasura sus horrores.

Qué sería de la tarántula, pobre,

flor zoológica y triste,

si no pudiera ser ese tremendo

surtidor de miedo,

ese puño cortado

de un simio negro que enloquece de amor.

 

La tarántula, oh Bécquer,

que vive enamorada

de una tensa magnolia.

Dicen que mata a veces,

que descarga sus iras en conejos dormidos.

Es cierto.

pero muerde y descarga sus tinturas internas

contra otro,

porque no alcanza a morder sus propios

miembros,

y le parece que el cuerpo del que pasa,

el que amaría si lo supiera,