Llegada de los judíos a México en el siglo pasado


Inmigrantes judíos en su llegada a México
  • Monterrey, fundada por cripto-judíos;cabrito, la herencia.
  • Fueron primeros en ejercer como aboneros en tierra azteca.
  • Gabinete de Lázaro Cárdenas le impidió ser hospitalario.

Reportajes Metropolitanos 

Carlos Ravelo, dice:

Sobre una conferencia de la historiadora Daniela Gleizer nos platica, en lúcida narración, nuestra amiga y colega doña Norma L. Vázquez Alanís. Habló de los judíos. Y, nosotros, respetuosamente la copiamos. “La inmigración judía a México desde el siglo XVI tras su expulsión de España y Portugal, hasta finales de los 30 del siglo pasado, fue el tema de la conferencia dictada por la doctora Daniela Gleizer dentro del ciclo ‘Los que llegaron inmigrantes a México’ organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), de la Fundación Carlos Slim, con el propósito de analizar este fenómeno social y, muchas veces, con implica sobre todo en Monterrey, ciudad fundada por cripto-judíos, lo que hace suponer que por eso es tan industriosa y con gente dinámica; un rastro de su estadía en esas tierras es la manera de matar y cocinar el cabrito, similar a como lo hacían los cripto-judíos que llegaron a la región.

Daniela Gleizer

CONVOCATORIA DE PORFIRIO DÍAZ

Durante gran parte del siglo XIX la intolerancia religiosa fue uno de los motivos por los cuales no se registró presencia judía en México, aunque la Constitución liberal de 1857 estableció la libertad de cultos. Porfirio Díaz fue el primer presidente que estableció una política de atracción de inmigrantes, pues pensaba que México contaba con recursos naturales infinitos y ello lo hacía una región sumamente rica y potencialmente productiva, pero que necesitaba brazos para explotar esos recursos, pero también tecnología, así como la experiencia de quienes pudieran sacarle más provecho a dichos bienes; por ello creía que debía fomentarse la llegada de extranjeros.
Sin embargo, esta política porfirista no fue efectiva porque los emigrantes que en las últimas décadas del siglo XIX salían de Europa, preferían irse a otros países, especialmente a los extremos del continente americano; en primer lugar Estados Unidos y Canadá en el norte, y Argentina y Uruguay en el sur. Los europeos consideraban que las condiciones del campo mexicano no ofrecían un panorama muy alentador, estaba poco desarrollado, los salarios eran muy bajos y había mucha mano de obra disponible para trabajar por menos de lo que esperaban los inmigrantes. En la segunda mitad del siglo XIX se inició tal oleada emigratoria desde Europa, que si entre 1492 y 1820 -poco más de tres siglos cruzaron el Atlántico menos de tres millones de europeos, en cambio de 1850 a 1930 -apenas 80 años- las personas que emigraron del viejo continente sumaron entre 55 y 60 millones.
Fue una emigración como nunca se había visto en la historia de la humanidad, dijo la doctora Gleizer, coordinadora de la licenciatura en Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana campus Cuajimalpa. De esos 60 millones de personas, 2.5 millones eran judíos y, de estos, 1.5 millones fueron a Estados Unidos; el otro millón se distribuyó en los distintos países de América. Ese gran éxodo de Europa fue provocado esencialmente porque, por primera vez en la historia del mundo, sobrevino un crecimiento demográfico; hasta entonces la población mundial -con altas y bajas por guerras o epidemias- había mantenido un 0.6 por ciento de incremento.

Porfirio Díaz Mori

ANTISEMITISMO, VIOLENCIA Y MUERTE

Este desarrollo exponencial demográfico hizo que de pronto sobrara gente y hubiera desempleo, lo que fue agravado por la Revolución Industrial que eliminó fuentes de trabajo para personas que fueron sustituidas por máquinas, además de que ya era demasiada población para la estructura social existente. En el caso de los judíos, un factor importante fue el antisemitismo, sobre todo en el sector oriental de Europa donde hubo episodios de violencia muy fuerte y hasta asesinatos, por lo cual esta población trató de escapar, pero también huyeron del servicio militar pues en general las minorías étnicas eran enviadas a la primera línea de fuego.
Es decir, en esas condiciones cumplir con el servicio militar era prácticamente una condena de muerte. Los primeros judíos que llegaron a México no eran hombres de negocios, sino inmigrantes que buscaban una mejor oportunidad de vida y de desarrollo económico. Provenían del Imperio Otomano que siempre tuvo una significativa presencia judía en su territorio -desde los de habla griega que habían vivido en el Imperio Bizantino, hasta los que fueron expulsados de España y que acogió bajo la Declaración de la Alhambra- y que con su desintegración a principios del siglo XX dejó de ser aquel Estado multiétnico y multinacional donde se permitía la coexistencia de distintos grupos religiosos.
Entonces las minorías nacionales quedaron en una situación muy desprotegida y fueron los primeros que llegaron a México; el Censo General de Población de 1910 reveló que había 134 judíos, quienes encontraron muy rápidamente un espacio en la economía mexicana con el desarrollo de la venta en abonos -el antecedente de las actuales tarjetas de crédito- que en aquella época fue una gran innovación porque sólo había ventas al contado. Ellos introdujeron aquí la venta en abonos, mediante la cual se podía ir pagando la mercancía a través de cuotas que los aboneros iban a cobrar personalmente a los clientes; en aquel momento, los árabes y judíos que se establecieron en México tenían un perfil muy parecido.

LOS JUDÍOS EN MÉXICO

Nos cuenta, en su bien documentada crónica doña Norma L. Vázquez Alanís que la doctora en Historia Daniela Gleizer abordó el tema de los judíos que se afincaron en México, desde 1580 en la Nueva España hasta los años 40 del siglo pasado, y que lograron constituir una de las comunidades judías del mundo con un crecimiento demográfico natural, muy integrada al país y cuyos miembros pueden desarrollarse en todos los espacios laborales, profesionales, industriales, académicos y artísticos. La doctora Gleizer -investigadora del Departamento de Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)- comentó: “estamos acostumbrados a pensar a judíos y árabes como comunidades distintas, a veces hasta enfrentadas por todo el contexto de Medio Oriente, pero ese conflicto es posterior.
Incluso hay historias de que fueron los inmigrantes de origen árabe quienes financiaron a veces la llegada de las familias de los judíos, cuando estos todavía no las podían traer, les prestaban dinero; eso sucedía a principios del siglo XIX en México”.

La Kipá, es un gorro ritual judío en forma de cúpula que sirve para cubrir la cabeza. Representa el triunfo de la humildad sobre el ego

PARTICIPACIÓN EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA

Posteriormente llegó por Veracruz el grupo de los judíos askenazíes, quienes hablaban el idioma idish, que es cercano al alemán, pero que se escribe con letras hebreas. Venían de la zona de Europa oriental, de Polonia y de Rusia, de manera que tenían un perfil mucho más politizado y trajeron consigo las pugnas que estaban dándose en el viejo continente.
A ellos los sorprendió la Revolución Mexicana y hubo judíos que participaron en todos los bandos; claro muy pocos, puesto que era una comunidad todavía muy pequeña, pero estuvieron del lado porfirista y del maderista e incluso con los huertistas, apuntó la conferenciante.

Por ejemplo, Jacobo Granat, vendedor de antigüedades y uno de los primeros inmigrantes de origen austriaco, era dueño del Salón Rojo, el principal cine de la época, y le prestó ese elegante local a Francisco I. Madero para sus mítines y que desde ahí desarrollara su campaña.

Muy pronto se organizó la comunidad judía y en 1912 estableció la primera alianza llamada ’Aldeas del Monte Sinaí’, explicó Gleizer.
Lo primero que crearon fue un panteón, algo indispensable porque la gente se moría y había que enterrarla de acuerdo con el rito judío; esta agrupación congregó en un principio a los judíos de todos los orígenes; se dividió al salirse los askenazíes en 1922, y en 1924 se marcharon los sefaradíes, un poco más tarde la abandonaron los de habla árabe, de suerte que se quedó como la organización de los judíos de Damasco.

Los judíos norteamericanos comenzaron a venir a México en 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, pues trataban de evadir el servicio militar.

Aquí formaron la YMCA (Young Men Christian Asociation) cuyo objetivo fue que los jóvenes socializaran sanamente y se enfocó al deporte. El permiso para establecer la primera sinagoga en México lo otorgó Venustiano Carranza en 1918 y se inauguró dos años después en el centro de la ciudad, en la actual calle de Justo Sierra.
La doctora Gleizer -también autora de numerosos capítulos para libros y revistas especializados- indicó que hasta la segunda década del siglo XX la inmigración fue muy acotada, no masiva, pero en 1921 y 1924 Estados Unidos empezó a cerrar la inmigración y se establecieron cuotas, que se fueron reduciendo continuamente.

Así, toda esa corriente masiva de judíos que se dirigía a Estados Unidos de pronto necesitó hallar otros espacios y se desvió hacia México, pero con la intención de cruzar por tierra a EU; no iban a quedarse aquí, entraban por Veracruz y se dirigían hacia la zona fronteriza a fin de intentar pasar al otro lado, en muchos casos de manera ilegal.
La comunidad judía de Estados Unidos tuvo que negociar con el gobierno para que estos inmigrantes no fueran enviados a sus lugares de origen sino regresados a México; para tal efecto se comprometieron a crear las condiciones que requería una comunidad judía para desarrollarse y no quisieran ya cruzar la frontera, de manera que decidieron mandar a un rabino y establecer una organización conocida como ‘Bnei Brith’.

Modernas sinagogas en la Cd. de México

RESTRICCIONES DE EU Y MÉXICO

Las restricciones en EU coincidieron con una declaración por parte del gobierno de Plutarco Elías Calles en Europa, durante una gira como presidente electo, en el sentido de ser favorable a una corriente de inmigración judía.
Este interés se debía a que el país había quedado devastado después de la Revolución pues se perdieron cerca de un millón de personas (el diez por ciento de la población) y urgía que tanto el campo como las ciudades se reconstruyeran, además quería atraer capitales.

Entre 1924 y 1929 entraron al país cerca de siete mil 500 judíos y para 1930 la comunidad sumaba ya cerca de 10 mil; en 1940 el 40 por ciento de la comunidad judía había nacido en México y hoy día tiene entre 40 y 45 mil integrantes.

En 1934 se prohibió la entrada de judíos a México, según lo estableció la circular confidencial número 157 emitida por la Secretaría de Gobernación en abril de 1934; había no sólo fundamentos raciales sino también políticos, con la restricción a los rusos y polacos en 1929 se quería evitar que llegaran anarquistas y comunistas al país.
Era una reacción natural a cierta xenofobia que se generaba en la población ante todos los extranjeros por la idea de que éstos los desplazaban, comentó la historiadora.

Trabajadores judíos en un taller de costura en Ciudad de México 1935

… Y APARECE HITLER

Y sucede que en 1933 llegó Adolfo Hitler al poder y comenzó la emigración de opositores políticos, principalmente de la izquierda, y de judíos. Al principio salieron de Alemania hombres solos, pero después lo hicieron familias enteras a medida que los métodos para expulsar judíos se fueron haciendo más violentos, pues en un principio les imponían una serie de prohibiciones que minaban sus condiciones de vida y los hacían emigrar por sí mismos.
Después de la anexión de Austria -con una población de cerca de 200 mil judíos- en 1938, se empieza a obligarles a salir de Alemania, la gente buscó entonces cualquier lugar para huir de la persecución y México apareció como una opción por la postura diplomática del país respecto a las invasiones de Etiopía y Austria, así como ante la Guerra Civil Española.
De tal manera que llegaron miles de solicitudes de asilo, pero la circular 157 estaba vigente y prohibía la entrada de judíos, el presidente Lázaro Cárdenas quería abrirles las puertas, pero su gabinete estuvo totalmente en contra y él ya había gastado todo su capital político con los refugiados españoles -lo que no todo el mundo veía con buenos ojos- y no pudo hacer nada.

México aceptó alrededor de mil 800 judíos de los 100 mil refugiados que arribaron a América latina; llegaron quienes tenían parientes porque la Ley de Inmigración de 1936 permitía la entrada de parientes de primero a tercer grados, así como un pequeño grupo de exiliados políticos entre los cuales había importantes personalidades como Paul Merkel, el único miembro del politburó del partido comunista alemán que no acabó en la URSS, escritores como Anna Seghers, y periodistas como Alexander Abusch, quienes recibieron la visa porque organismos de Estados Unidos como la Liga de Derechos Americanos pidió su salida.
Al referirse a la idea que según ella hay, de que el cónsul de México Gilberto Bosques, salvó a 45 mil judíos, la doctora Gleizer aseguró que no hay ninguna evidencia histórica que apoye ese número; no llegaron 45 mil personas en esa época, no hay ningún rastro en los archivos, ni en el registro de extranjeros.

“Peinamos todo el Registro Nacional de Extranjeros y ahí aparecen 338 visas que fueron firmadas por Bosques -no 45 mil- pero tenían autorización de la Secretaría de Gobernación; refugiados judíos llegaron mil 800”, Concluye así doña Norma esta clase de historia.

craveloygalindo.@gmail.com