Importancia real de emitir un voto


Boletas en blanco no ayudan al ejercicio de la democracia  

Recomendable analizar y saber más del candidato por quien se vota.

Un sufragio no vale, una gorra, despensa, playera o bulto de cemento.  

Agencia Mexicana de Noticias

En las elecciones federales de 2009, se hizo mucho ruido con el voto en blanco, y la partidocracia hizo como que se asustaba con el petate del muerto.

El voto en blanco se produjo, y aunque no hay porcentajes reales, bien que causó mella en los partidos políticos, sobre todo, en los mastodontes.

El voto en blanco disminuyó los porcentajes de cada partido político, pero al fin y al cabo se contabilizaron. Y en el universo de la votación nacional aparecieron como por arte de magia los votos blancos, gracias a la sesuda y perversa reforma electoral empujada por el borrachín Felipe Calderón.

 

PORCENTAJES Y LEGITIMIDAD

Hoy, nuevamente, los electores que no saben votar quieren irse por la vía del voto en blanco. Eso no cambia nada. Eso es desperdiciar el voto. Eso no le preocupa a la partidocracia, aunque llegue al poder con porcentajes muy inferiores al 50 por ciento.

En las grandes democracias del mundo, sobre todo, donde hay segundas vueltas electorales a la presidencia de la República, el 50 por ciento más uno es fundamental para evitar la deslegitimación política de origen.

Los estudiosos de ese fenómeno sostienen que un candidato o partido político que llega al poder con menos del 50 por ciento de la votación nacional, automáticamente, llega deslegitimado de origen.

Los sociólogos sostienen que cuando ello ocurre, en la sociedad se produce un fenómeno llamado desobediencia civil, que se traduce en ingobernabilidad, anarquía o vacío de poder.

La reflexión de la gente es muy simple “yo por qué voy a obedecer a este chango, si ni siquiera voté por él”.

 

¿Y LOS CANDIDATOS? BIEN, MUCHAS GRACIAS

Ese ponzoñoso fenómeno ocurre en México, pero a la cínica partidocracia y a los politicastros les tiene sin cuidado. Les vale wilson. Ellos van por nuestros dineros públicos, y eso es lo que realmente importa para ellos.

No estamos ante un asunto de poca monta. Pero también ocurre que a veces aunque los candidatos obtengan más del 50 por ciento de la votación general, ya en el ejercicio del poder se deslegitiman por no poder o por corruptos.

Así que dejar la boleta electoral en blanco no es sano. Hay que votar para castigar a los partidos que haya que castigar, y premiar a los que haya que premiar, que casi no hay ninguno.

 

ESTABLECIERON REGLAS A MODO

Lo mejor es votar por los venenos menos letales, y ya en el ejercicio del poder, hacerles sentir el poder de nuestro voto, y llegado el momento, revocarles ese poder para que se vayan a su casa. Los mexicanos tenemos que aprender a votar y exigir que nuestro voto se respete porque no vale un cacahuate.

Por desgracia, la ponzoñosa partidocracia ha hecho sus reglas para lograr su permanencia en el poder, y con el voto nulo, la abstención o el voto en blanco no resolvemos nada, ni se castiga a nadie.

En la nueva cultura político-electoral se tiene que aprender a votar y exigir con nuestro voto a los gobernantes que no se hagan guajes, que no sean corruptos e ineficientes, porque de lo contrario, los votaremos.

 

¿VOTAR O NO VOTAR?  VERDADERO DILEMA

¿Qué es mejor, votar o no votar? ¿A quiénes castigamos con el voto nulo o con la abstención del voto?

Me acatarran electores de todo México con sendas preguntas.

Voy por partes. El voto nulo y el abstencionismo son parientes y aliados de la partidocracia, principalmente, de los venenos más letales.

Votar por Cantinflas, el Chapulín Colorado, La India María, El burro Filemón, Pedro Infante, este átomo de la comunicación o dejar las boletas en blanco se consideran votos nulos. ¡Tiros por la culata!

A la partidocracia no le interesan los votos nulos, pero le convienen. O sea, no, pero sí.

Según la perversa legislación electoral, promovida por el borrachín Felipe Calderón, tras el fraude electoral de 2006, los votos que realmente le interesan a la partidocracia son los votos de carne y hueso, que son llamados votos nacionales. Es decir, que para ellos sólo importan los votos que van cruzados para cada partido, y los votos nulos son algo así como parte del anecdotario político, pero también cuentan.

Dicha legislación distingue entre la votación total y la votación nacional emitida.

¿Y usted se preguntará qué tiene de diferente la votación total de la nacional? ¿Con qué se come?

Quien sabe, sólo ellos entienden sus reglas y su democracia con la que de todos modos ganan, aun perdiendo.

Hagamos supositorios, supongamos que el 40 por ciento del pastel electoral son votos nulos, otro 10 por ciento son votos nulos por error, mientras que un 25 por ciento de votos le pertenecen al PRI, 15 por ciento al PAN y el restante 10 por ciento al PRD y demás chiquillada. A esto se le llama votos totales.

Automáticamente, se anulan los votos nulos y se crea un nuevo pastel que deberá sacar un 100 por ciento, únicamente de los votos por estos partidos. Por ejemplo, el PRI que tenía un 25 por ciento pasa a tener un 50 por ciento, el PAN de un 15 por ciento pasa a un 30 por ciento y así sucesivamente.

El voto nulo no reduce el tamaño del pastel, ni tampoco las rebanadas de cada partido. Ello quiere decir, que de acuerdo al mayor porcentaje de votos, la partidocracia tendrá derecho a nuestros dineros públicos durante los próximos tres años.

Recordaré que en este año electorero, el pastel es de más de 5 mil millones de pesos en efectivo, que el árbitro electoral reparte entre la partidocracia, además de la millonaria publicidad gratuita en radio y televisión, estimada en más de tres mil millones de pesos, y el reparto de las diputaciones plurinominales.

¿Pero a todo esto, a quién perjudica el abstencionismo y el voto nulo?

Claro está que a los mastodontes no les causa mella, sólo a los partidos de la chiquillada, que estarían en riesgo de perder su registro.

¿Por quién votar entonces?

 

PASTEL ELECTORAL

¿Por quién votar en las próximas elecciones federales?

Esa es la pregunta del millón. Sí, algunos electores quieren que tramposamente les diga yo porqué partido o candidatos votar. Está en chino, porque inducir el voto por algún partido político o candidato implicaría cometer una violación a la Ley electoral. Pero además, yo no lo confesaría a nadie. Bueno, ni a mi mamá.

La suprema voluntad es sagrada, y no se le confía a nadie.

 

VENDER EL VOTO POR “REGALITO”

Entonces, ¿por qué partidos o candidatos deben votar?

Que se los dicte su sano juicio, porque en el caso de este átomo de la comunicación, lo hará por los partidos políticos menos venenosos para la patria y los menos piores.

Para la gente que no sabe votar o que vota porque le regalaron una gorra, una matraca, una camisa, un chuchuluco y hasta una pluma o lápiz, habré de recordar que nuestro voto es sagrado y no vale un cacahuate. ¡Vale mucho!

Por eso, hay que votar por los venenos menos letales, y, para ello, hay que saber un poco de ciencia política.

No es sano guiarnos por corazonadas o por pestilentes campañas sucias que destrozan electoralmente al enemigo político, eso no resuelve nada. Votar así se le llama votos del odio. Y claro que los hay.

En el 2000, los mexicanos sacaron de Los Pinos al PRI con el voto del odio y el hartazgo.

El ejercicio del poder es desgastante.

Los errores del partido gobernante siempre los capitalizan sus enemigos políticos, principalmente, la derecha, que tiene a sus órdenes a muchos actores políticos, que trabajan día y noche en su favor sin que le cueste nada, incluyendo los gringos.

¿A quién beneficia y perjudica el voto nulo?

Ese fenómeno es aliado de los venenos más letales y veneno puro para los venenitos de la partidocracia.

¿Y la opción de abstencionismo?

Es prácticamente lo mismo que desperdiciar nuestro sufragio en un voto nulo.

El voto nulo es como un tiro por la culata para los ciudadanos.

¿Cuál es el chiste de votar?

El chiste de saber votar es hacerlo por algún veneno al que, en el ejercicio del poder, le exigiremos que sea escrupuloso en el manejo de nuestros dineros públicos, que cumpla con sus promesas electorales.

Nuestro voto vale mucho y tiene el poder para exigir, en casos extremos, la remoción de los malos gobernantes.

Así que el próximo 7 de junio, piénselo dos veces por quién será su voto.