Gran fracaso de la alternancia


Alejandro Moguel

Entre los muchos factores del fracaso de la alternancia política en Oaxaca está, principalmente, el del crecimiento desmedido de organizaciones clientelares y corporativas, que han tomado de rehén a los ciudadanos.

Si se pensaba que el modelo de organización cambiaría para disminuir el cacicazgo de líderes políticos en Oaxaca con la llegada de Gabino Cué al gobierno, este se acentuó desde la complacencia e incluso, financiamiento gubernamental a grupos que dañan a terceros sin ningún freno.

Cuando el PRI mantenía el monopolio, en cierta forma controlaba a sus grupos u organizaciones. Ahora, el descontrol es absoluto y aunque han ido disminuyendo en fuerza las agrupaciones afines al PRI que se identifican con demandas de carácter agrario, campesino y popular, otros partidos políticos han reeditado los esquemas con más virulencia.

En 2007, Jorge Mario Audelo Cruz, profesor del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) publicó el artículo denominado “Organizaciones sociales y partidos políticos en Oaxaca: sus vínculos”.

Hablaba básicamente de la CNC y la CCI para hacer referencia al control del sector campesino y de sus prácticas clientelistas para hacer llegar recursos gubernamentales a través de sus estructuras y garantizar la fidelidad electoral.

En el caso del PRD, la gama de movilizaciones era más extensa: La Unión Campesina Democrática (UCD), la Coalición Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI), el Frente Indígena Oaxaqueño Binacional (FIOB), el Movimiento Territorial Democrático (MTD), la Unión Campesina Oaxaqueña (UCO) y la Nueva Izquierda, entre otras.

Y mencionaba otros casos, como el Consejo Indígena Popular de Oaxaca–Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM), que catalogó como independientes, aunque en los hechos siempre estuvieron vinculados a movimientos y partidos de la llamada izquierda en Oaxaca.

“Es evidente que en la entidad aún persisten redes clientelistas y corporativas, si bien no con los mismos rasgos tradicionales autoritarios (de Estado) con los que el PRI mantenía el monopolio de la representación de intereses en el ámbito nacional –debido al creciente desarrollo actual de nuevas organizaciones con vínculos con otros partidos–, sí con una continuidad en la forma de representación de intereses campesinos e indígenas, en la cual los grupos u organizaciones sociales son creados o mantienen vínculos (desde ideológicos hasta económicos) ya sea con el PRI o el PRD (pues según se ha podido apreciar, el PAN aún no ha desarrollado vínculos estrechos y consistentes con las organizaciones campesinas e indígenas) con lo cual conservan una relación de dependencia y subordinación a éstos. Así, los partidos responden a las demandas de los grupos, con la facultad de controlarlos y de intervenir en sus asuntos internos, y a cambio las organizaciones les dan su apoyo político desde realizando movilizaciones y participando en la firma de acuerdos gubernamentales, hasta favoreciéndoles con su voto en las elecciones”, escribió Audelo Cruz.

moguel marcha de PUP Y API

INGOBERNABILIDAD, AL MÁXIMO EN 2015

La situación en 2015 es evidentemente caótica. Con el debacle de las organizaciones priistas han surgido nuevos liderazgos, que no sólo reeditan al modelo caciquil priista, sino lo sobredimensionan añadiéndoles ingredientes como la violencia, la extorsión y conductas delictivas que no son sancionadas.

La llamada Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), surgida en 2006 como un conglomerado de todas esas organizaciones, estableció un parteaguas en la movilización social en Oaxaca. De ahí surgieron algunas agrupaciones que ocupan en este momento espacios dentro de la administración pública, lo que se traduce en el manejo de recursos públicos, con los cuales fortalecen su crecimiento y por la vinculación que tuvieron en la estructura electoral de la nueva administración, se sienten con un doble derecho: 1, a la exigencia de recursos y 2, a la generación del caos para mostrar su fuerza.

Como Audelo Cruz, muchos oaxaqueños compartieron la expectativa de que con la llegada de un gobierno democrático, o surgido del voto ciudadano, estas prácticas clientelares se reducirían empoderando al ciudadano en la toma de decisiones y en la definición de políticas públicas: “La alternancia política en la gubernatura estatal representaría un paso fundamental hacia dicho fin”, escribió.

 moguel  sindicato libertad  y frente 14 de junio .

OBTENCIÓN DE CONTRATOS A PUNTA DE PISTOLA

Sin embargo, a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) le hizo contrapeso la llamada Confederación Nacional de la Productividad (CNP), una organización que a punta de pistola y con varias muertes en su lista, ha conseguido que les concedan contratos en obras, concesiones y otra serie de dádivas.

Al sector popular del PRI, identificado con la CNOP, le hizo contrapeso la organización 14 de Junio y la agrupación del diputado federal Hugo Jarquín, por citar algunas, que cooptaron a los vendedores ambulantes, de mercados y crearon grupos de choque para arrebatar espacios que eran cotos del PRI.

Ni qué decir de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que es el sindicato más pernicioso que tiene Oaxaca y en torno del cual se han formado organizaciones sociales que buscan, en teoría, reivindicar los derechos de los más pobres, pero que en realidad afectan con sus protestas a quienes menos tienen.

Esta semana que concluye tuvimos un ejemplo más, dramático o de risa loca, como se quiera ver. Una nueva organización, Asamblea de Pueblos Indígenas, un resabio de lo que fue la APPO, desquició las calles de Oaxaca para demandar la entrega de proyectos productivos al gobierno, es decir, dinero que usará en forma clientelar para que engrosen las filas de sus seguidores. Pero en el colmo del cinismo, esta organización que se presenta como social, resulta ser también un partido político, es decir, un membrete con recursos públicos que surgen de los impuestos que paga una minoría en México para mantener este tipo de agrupaciones.

El número de organizaciones en Oaxaca supera ya las 400, todas con un fin que no es el bienestar de sus agremiados, sino la forma de mantener a líderes y caciques que forman una élite, los nuevos ricos a costa del erario y que después de ser incentivados por el gobierno para disminuir a las agrupaciones del PRI, están convertidos en los dueños absolutos de las calles, del gobierno y de las decisiones.

Si los ciudadanos, como usted y yo, consideráramos la toma de una calle, una caseta o reclamar algún derecho por la vía de la movilización, tenga por seguro que seríamos castigados con la más rigurosa aplicación de la ley. Estos grupos, que han representado votos para el gobernador Gabino Cué, sabían que negociaban impunidad, además de recursos públicos.

Su participación electoral, corporativa, a favor de un proyecto político como el de la supuesta alternancia, les dio pase automático a la desestabilización de un estado que sigue soportando la voracidad de estos grupos.

La opacidad con la que se dan los recursos públicos a este tipo de agrupaciones, las posiciones políticas y las dádivas que alcanzan a través de la fuerza son síntomas de ese fracaso en la alternancia. Para las organizaciones, hay un gobernador sometido, como lo muestra la reunión que tuvo Gabino Cué con la API en Palacio de Gobierno. Para los ciudadanos, no hay gobernador, sólo bloqueos, protestas y agrupaciones que crecen con dinero público y fastidian a los ciudadanos que poco o nada pueden hacer ante ese desequilibrio de fuerza.