El Diluvio: Las cosas de los medios


Rafael Cardona

 Finalmente una de las consecuencias de la reforma de las telecomunicaciones, quedó claramente expuesta en días recientes.

Dos conocidos, muy conocidos empresarios mexicanos, uno dedicado casi exclusivamente a asuntos de comunicación desde sus orígenes familiares más cercanos, que es el señor Francisco Aguirre y el otro, el señor Olegario Vázquez Raña, quien tiene negocios de comunicación y de otra índole, como hospitales, hoteles, aeropuertos., servicios financieros; en fin, una gran cantidad de empresas, entre ellas además el periódico «Excélsior”, notablemente transformado después de la desaparición de la cooperativa que lo editó hasta hace algunos años.

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¿Qué le espera a los ciudadanos con estas dos cadenas, que suman en su conjunto una enorme cantidad de estaciones de televisión abierta?

Por televisión abierta debemos entender televisión gratuita; que vive exclusivamente de la venta de espacios publicitarios.

Un mercado calculado en más de 10 mil millones, es un mercado fuerte, es un mercado amplio, pero que ya no es el mercado único, porque ahora hay otros servicios de televisión: televisión por satélite, televisión por cable, televisión por otras cadenas, por los servicios estos de App, TV, Netflix y de todo lo que ya sabemos.

CARDONA OLEGARIO...

Y hoy lo que tenemos los ciudadanos, es una gran conjunción de señales.

La compactación que permitió el lenguaje digital de las telecomunicaciones; nos permite en donde antes había un canal, ahora puedas tener tres o cuatro.

¿Eso de qué me sirve a mí, ciudadano? ¿de qué me sirve?

Como decían en los orígenes de la televisión, ¿para qué quiero yo una «idiot box», para lo mismo que puedo querer 100 «idiot boxes»?

Si es para eso no nos va a servir de nada; no estas cadenas, sino nada de lo que tenemos en la actualidad.

¿Cuál es el problema de la comunicación?

El problema de la comunicación social es el mismo que el problema de la comunicación profesional; en el momento en que los emisores de señales informativas hablen el mismo idioma que los receptores de esas señales, se establecerá el fenómeno de la comunicación.

Si se sigue viendo a las audiencias como potenciales números en la medición de un mercado de publicidad y la programación de televisión es el pretexto para poner anuncios, cuando debería de ser al revés, que los anuncios fueran la fórmula para allegarse recursos que permitieran enviar información importante, las cosas serían distintas.

Yo no sé qué va a hacer el Grupo Radio Centro con su cadena, sé lo que hizo antes con la Corporación Mexicana de Radio y Televisión, que después se llamó Canal 13 y que después se llamó Instituto Mexicano de Televisión y que después se llamó Televisión Azteca.

Todos sabemos qué ha pasado por esa pantalla en los últimos 25 años, todos lo sabemos, yo no lo voy a calificar, que lo califique quien lo ve, quien lo prende y quien lo atiende.

Todos sabemos lo que hace Cadena 3, todos sabemos lo que hace Excélsior TV, que lo califiquen quienes lo ven.

Lo único que yo sé es que si no se produce un verdadero fenómeno de empatía entre los receptores y los emisores, el fenómeno de la comunicación y de la información y por lo tanto, ese paso de la democratización de la televisión, no se va a cumplir exclusivamente por la proliferación o la multiplicación de señal digital.

No importa si cantas solo o cantas en coro, importa qué cantas, qué cantas y qué das, qué ofreces.

Yo creo que la democratización de los medios tiene que pasar por el mismo camino que la democratización de la política. no se puede saludar con algarabía y con ánimo festivo.  El hecho de que hoy tengamos más partidos políticos que nunca no significa nada, si no se nos está ofreciendo algo importante desde los partidos políticos.

CARDONA MEXICANOS VEN TELEVISION

En paralelo, en el lenguaje de la comunicación y de la información, ¿de qué nos sirve tener dos cadenas que dicen casi lo mismo, que tener cuatro que dicen casi lo mismo?

Ese es un asunto sobre el cual habría que abundar.

Los empresarios de la comunicación tendrán que recuperar sus 2,870 millones de dólares o más que invirtieron entre los dos, para hacerse de esas concesiones.

Ya vendrán después quejas de si hubo adecuadas contraprestaciones o no, de cuáles son sus títulos de concesión, hasta dónde llegan, hasta dónde no pueden llegar; en fin, todo esto.

Pero al final de cuentas, ¿es la televisión comercial, exclusivamente comercial, la solución del fenómeno de aislamiento democrático de la información, que dicen algunos, padecemos en México; o las concesiones deberían de estar en manos de organizaciones sociales, civiles, organizaciones no gubernamentales, cadenas públicas de radio o televisión; ese dilema, esa discusión sobre los orígenes de los medios y el condicionamiento que el contenido de los medios tiene dependiendo de quienes son sus propietarios y para que los quieren?

Ese es un debate sobre el cual apenas hemos empezado a hablar en México y cuando ese debate se estaba dando de una manera más o menos llamativa, quedó interrumpido por la evolución tecnológica, vinieron todos estos cambios.

Ahora vamos a la migración digital de todo el mundo y yo no sé cual va a ser nuestro panorama de aquí a cinco años.

¿Vamos a ver cómo modifican estas además el mercado publicitario?

Sí, pero también quisiéramos ver cómo se modifica la oferta de información y de participación de la sociedad, en el diseño de los medios de comunicación en este país.

cardona televidentes mexicanos.

CORTE

Quienes habían edificado un virreinato en la Suprema Corte  de Justicia, con la fuerza de la pantalla de televisión en el Canal Judicial, salen ahora con el rabito entre las patas, acusados de muchas cosas feas, algunas graves; otras no tanto, pero suficientes para bajarles los humos a quienes confundieron circunstancia con importancia y burocracia con talento.

Y en asuntos de alcoholemia se exhibe el senador Javier Corral detenido por el implacable alcoholímetro. Además de parlanchín, borrachín.

–¿Habrán incluido su caso en los despachos de “Mexicoleaks”?