El Diluvio: Dinero, dinero y más dinero


Rafael Cardona

Derivado del cisma en el Instituto Nacional Electoral, el primero antes de la vulcanización del proceso de este año, hice estos comentarios:

La Ley electoral es una derivación del más tradicional Código Napoleónico. Napoleón dicta cómo se hace la política electoral en México.

Hasta ahora me di cuenta, y fue así una revelación, fue un Damasco, se me abrieron los ojos porque Napoleón, en una parte de alguna biografía decía,

«La guerra se hace con dinero, dinero y más dinero».

Y si la actividad electoral es la forma en que los políticos hacen la guerra para conquistar los territorios del poder, ¿cómo se hace la política electoral? pues con dinero, dinero y más dinero.

Pero aquí hay un problema, que la ley dice que no se puede usar el dinero público para la promoción de los partidos, de las personas y hemos llevado este código al texto constitucional, con lo cual estamos convirtiendo ya desde hace tiempo, la Constitución en un reglamento.

Lo que me parece jurídicamente una aberración, pero ¿cuántas cosas no son aberrantes en nuestro amado país? Pues muchas, muchísimas.

Entonces yo digo, a ver, ¿cómo amarra un partido como el Verde, la posibilidad de decir, nosotros propusimos a una ley que obligara a las Instituciones Públicas de Salud a entregarle a usted un vale por las medicinas que no le pudiera surtir?

Pero una cosa es decir, nosotros propusimos una ley, y otra es hacer un espectacular, o miles espectaculares gigantescos, diciendo; «En el IMSS y en el ISSSTE te dan las cosas porque nosotros propusimos una ley para que te las dieran».

Lo cual convierte al Partido Verde, no solamente en el redentor, sino en el conductor de la política de asistencia médica en este país, lo cual es absolutamente falso es una manera tramposa de aprovechar una rendija ahí de la ley. 

Y por eso dice el consejero Arturo Sánchez, tenemos que aplicarla de a de veras y que sepan que lo que está prohibido, está prohibido. Pero como las prohibiciones no se pagan, porque el dinero público es el dinero que nosotros les damos a los partidos políticos para que hagan cosas en la que nosotros no intervenimos, pues todo sale barato.  Ahí tenemos que volver a una muy vieja discusión.

¿Debemos sostener los ciudadanos a los partidos políticos o deben ser los militantes de los partidos políticos, quienes  sostengan a las instituciones en las cuales participan con la única finalidad de ver cuando les toca un pequeño trozo del pastel que se está repartiendo en la lucha política?

Entonces, yo creo que, si de veras los recursos públicos no se deben de usar para promoción, no se deben usar para promoción de nada, porque no es solamente la promoción de los partidos, sino también la promoción de las acciones de Gobierno.

Todos hemos  escuchado algunos anuncios que dicen que está prohibido el uso de este programa, para fines ajenos al programa mismo, pues cuando se habla de la Cruzada Contra el Hambre o cualquiera de los programas asistenciales que tiene el Gobierno, la propaganda es en sí misma un fin político, absolutamente distinto de los fines sustantivos de la política social. Es para ayudar, no para presumir cómo ayudas, en todo caso.

El pensamiento político se puede transmitir a través de la cátedra, de la doctrina, del estudio de la ciencia política o a través de la tesis y sus divulgaciones mediante libros, tratados, documentos doctorales, todo lo que hacen la Fundación Colosio, la Fundación Rafael Preciado, por ejemplo.

En fin, todo eso, tiene una sola finalidad, indoctrinar o adoctrinar, como se quiera decirle.

Pero la propaganda política, que es la parte consumible de la asimilación de cualquier doctrina, es la que se hace con el dinero público. Pero con dinero público también se hace la propaganda del Gobierno. Entonces ¿queremos vivir un mundo político de publicidad, de propaganda?

Bueno, para los medios está muy bien, excepto cuando te confiscan el tiempo y te lo meten con los tiempos del Estado, pero esa es otra discusión, esa es una discusión del orden industrial, de la industria de la radio y la televisión, cosa ajena a los medios impresos.

Pero finalmente ¿en dónde está la verdadera solución de este problema, sobre el uso del dinero público para los partidos?

Está en una tesis, que bien podríamos revisar.

¿Son los partidos políticos entidades de interés público o son entidades con interés público?

En esa simple preposición, podríamos cambiar la ética de la asignación de recursos para los partidos. Si son de interés público, que le sirvan al público, no a sus cúpulas y si son por el interés público, entonces que lo hagan sin el subsidio del Estado.

Pero como eso lo tendrían que aprobar diputados y senadores que provienen de los partidos políticos, lo que no acabo de decir, es un sueño guajiro o una bocanada de cannabis, es una mariguanada.

Nunca los partidos políticos se van alejar del Código Napoleónico, porque lo que quieren los políticos fuera y dentro de los partidos es dinero, dinero y más dinero.

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CRUELDAD

Quiero iniciar estos comentarios con una anécdota de un viejo maestro de la política mexicana a quien, un día por azares de la existencia, me lo encontré sentado en el lugar más increíble, que podría haber en el mundo para verlo a él.

Me lo encontré en una barrera de primera fila de la Plaza de Toros, de la Ciudad de México.

Un hombre que no tenía la menor idea, como decimos a los que nos gusta esa cosa tan decadente y tan horrible, no tenía la menor idea de cuántas patas tiene un toro, no sabía nada.

Era el profesor Carlos Hank González, y estaba en los años posteriores a las crisis que había tenido él con Luis Echeverría, y le digo:

–«Qué raro, profesor, verlo a usted en un espectáculo tan cruel, tan sangriento como este».

Y me dijo: «Cuando hable usted de crueldad y de sangre, no se olvide de la política, esto es pura bondad, junto a lo que nos pasa a los políticos».

Y a mi se me quedó esa idea y esa frase y esa anécdota del profesor Hank, y he visto muchos casos sin llegar a los magnicidios estilo Luis Donaldo Colosio o cosas peores, pero veo hoy, por ejemplo, en el Partido de la Revolución Democrática como se expresa la crueldad de la política.

Yo no sé ¿cuánta de la gente que hoy toma decisiones en el PRD le debe favores a Marcelo Ebrard?

Pero si se los debe, se los va a seguir debiendo porque al parecer nadie le quiere pagar.

Como tampoco nadie le quiere pagar René Bejarano. A René, bueno ya sabemos le pagaron bien llevando a su esposa al Senado de la República, en donde tuvo un sexenio de buenos ingresos y de todo esto que la vida senatorial conlleva: viajes, prestigio, ayudantes, comodidad, un empleo muy hermoso. Dicen que la mejor condición del ser humano es ser senador, por lo menos en México.

Pero lo que es ahora en este reparto cuando, el PRD ha cambiado hasta de logotipo, si ya nos dimos cuenta, porque en el edificio ese que tienen ahí en Benjamín Franklin, que es una avenida muy importante de la Ciudad de México, donde está la Universidad La Salle y todo, bueno, pues ahí ya el logotipo es blanco y negro, ya el logotipo amarillo y negro ya parece que pasó a la historia.

CARDONA CARAVANA...