El abstencionismo que viene


Alejandro Moguel

El abstencionismo volverá a ganar las elecciones intermedias del 7 de junio. Es fácil vislumbrar el escenario que tendremos en la elección de diputados federales, cuando a casi un mes, solo los candidatos inscritos para buscar el voto saben que habrá elecciones.

Bueno, también los que colaboran con el Instituto Nacional Electoral (INE), quienes hacen de todo, menos promover el voto.

Las elecciones de 2015 serán las más caras de la historia reciente. Nuestra incipiente democracia enfrenta nuevas reglas que lejos de incentivar, desmotivan la participación ciudadana y en un claro retroceso, fomentan las viejas prácticas del acarreo.

Como sucedía antes ¿O ha sucedido siempre?, quien tenga la mejor estructura para movilizar a los ciudadanos el día de la jornada electoral se llevará los espacios en San Lázaro, con diputados que más que la legitimidad del voto ciudadano, tendrán tras de sí el aval económico para poder llegar a esta posición.

El Instituto Nacional Electoral (INE) tiene un presupuesto de casi 19 mil millones de pesos y el reto de que los 83.5 millones de ciudadanos inscritos en el padrón electoral ejerzan su derecho al voto. Pero la falta de propuesta en los candidatos y el temor a ser fiscalizados por la autoridad electoral, minimizan las campañas y es muy probable que el abstencionismo rebase el 50% de ese número.

Si cuando la propaganda política no estaba regulada, las elecciones intermedias tenían como característica el abstencionismo, sin estas herramientas, habrá menos participación, por eso se encarecerá el sufragio. Entre menos participación, más gasto inútil.

Aún cuando el INE defienda que su presupuesto tiene medidas de racionalidad y disciplina, la reducción de los gastos no significa una disminución en el costo real de un proceso electoral.

 

CARA DEMOCRACIA

En este momento, en México tenemos 3,300 candidatos que buscan una curul por el principio de mayoría y un número similar de representación proporcional.

Para conformar el Congreso, con 500 diputados, 300 de mayoría y 200 de representación proporcional, se habrá de invertir ese recurso.

Cinco mil 355 millones de pesos serán para los partidos políticos y 13 mil 216.8 millones irán al gasto operativo de la autoridad electoral.

¿Es mucho dinero? Sí, muchos millones de pesos que no han logrado la educación cívica en México que permita al ciudadano ejercer el voto por cualquiera de las opciones, que no han procurado interesar a la sociedad en ellos.

Del presupuesto, un mil 170.8 millones de pesos será para financiar los gastos de campaña; 156 millones para franquicias postales; 117 millones para financiamiento de actividades específicas; 7.7 millones para candidatos independientes; 693 mil 497 para franquicias telegráficas; 3 mil 902.9 millones de pesos para financiamiento por actividades ordinarias permanentes y más de 3 mil millones para equidad de género.

A casi un mes de campañas ¿usted conoce a su candidato? Debería, aunque seguramente la respuesta en muchos será que no, que de tantos candidatos no sabe quiénes son, de dónde salieron o si son parte del reciclaje en los partidos políticos para presentarlos con un nuevo slogan de campaña.

moguel elecciones...

OBJETIVOS DE LA SECCIÓN 22 SNTE

En Oaxaca, la situación es más compleja. El llamado al boicot magisterial, el retiro de propaganda y el cuestionamiento a los partidos políticos con protestas en sus sedes, son aliciente al desencanto y de alguna manera sí cumplen su cometido de alejar a los ciudadanos de las urnas.

El magisterio oaxaqueño le llama “farsa electoral” y llama a no votar, sin embargo, con ello contribuye al derroche electoral, porque vayan o no a votar, hay un presupuesto aprobado que se irá a la basura, igual que las lonas que han quitado de los candidatos. La farsa también es del magisterio, pues como ciudadanos ejercen su derecho al voto, incluso, algunos miembros de este sindicato hacen uso de su derecho a ser votados. De este gremio han surgido diputados, presidentes municipales, regidores y otros cargos más de elección popular, del que también ha obtenido un provecho y se han financiado con recursos públicos.

Agrupaciones como el magisterio imponen su postura antielectoral porque hay una grave carencia en los partidos políticos. Durante el período no electoral, el recurso destinado para actividades ordinarias se va a los bolsillos y vehículos de sus dirigentes, pero no a la formación de ciudadanía, para que cada vez más sean los que participan en las elecciones. Qué decir ahora en campañas, cuando le dejan al candidato o candidata la tarea de buscar votos ofreciendo, en vez de propuestas, algunos enseres que tendrán una utilidad temporal.

El INE fijó 1 millón 260 mil 38 pesos como tope de gastos de campaña, pero estimaciones reales sugieren que una campaña para diputado federal cuesta mínimo cuatro millones de pesos, es decir, tres veces más de lo fijado por la autoridad electoral, lo que pone en aprietos a los candidatos que en algunos casos, están como con camisa de fuerza haciendo campaña, pues aunque se realicen los gastos en esas cantidades, tienen estricta y necesariamente que ajustarse al tope o corren el riesgo de perder su registro y en su caso, el triunfo que obtengan de la elección.

moguel elecciones elevado...

ARGUCIAS DE CONTENDIENTES

Que el INE fiscalice los gastos de campaña, está bien. Sin embargo, queda un hueco enorme que no atiende y en consecuencia, abre las ventanas de la ilegalidad. Ahí están, por ejemplo, los anuncios de los candidatos en radios piratas o páginas de internet que no tienen respaldo legal alguno y que los eligen para no ser detectables a la hora del recuento económico.

Lo mismo con las reuniones, que ahora evitan que sean masivas por aquello de la contabilidad de insumos que se usan en las mismas como sillas, aguas, banderolas, etcétera. Esta sí es la farsa que debe preocupar no sólo al magisterio, sino a todos los ciudadanos, pues los candidatos están dándole la vuelta a la autoridad electoral y recurriendo a viejos esquemas para que se aseguren la participación.

Es decir, que sí invertirán el recurso y quizá rebasen el tope de campaña, pero están más interesados en cómo evadir a la autoridad electoral en la fiscalización que en plantear propuestas a los ciudadanos. Pierden todos, los ciudadanos, los candidatos, los mismos partidos que impulsaron estas nuevas reglas y que buscando cuidar el recurso de instituciones públicas, fomentan cada vez menos la participación.

Una vez concluido el proceso electoral de junio próximo, los partidos están obligados a hacer el recuento de los daños y buscar una forma de abrir la participación ciudadana. Las campañas electorales no se perciben en la sociedad y el resultado obvio es el abstencionismo, que encarece cualquier elección y la deslegitima porque son producto de una minoría. ¿Habrá forma de que ese millonario presupuesto se ejerza para lo que realmente fue destinado? Hay que darle seriedad al tema de la participación, porque hay un recurso que tiene ese fin. No hacerlo es contribuir a un desvío masivo de recursos y encarecer más la democracia en México.